626

•22 marzo, 2012 • 3 comentarios

No, no es el número de ningún vuelo famoso (ya sea por un accidente o por un grandioso acontecimiento). Tampoco hace referencia a la cantidad de calorías de un alimento; por fortuna, la naturaleza me ha dotado hasta la fecha de una constitución que me ha permitido obviar tan común (y muchas veces tonta)  preocupación.

626 días son los que Oscar Sánchez se ha pasado en un presidio italiano por una serie de errores judiciales, habiendo confundido su identidad con la de un narcotraficante. Casi 21 meses de su vida tirados por la borda gracias a una sucesión de meteduras de pata tan increíbles como preocupantes.

Vale, se puede producir algún tipo de confusión que origine la detención de un ciudadano inocente; por chungo que sea, no me parece descabellado que llegue a ocurrir. ¿Pero realmente es necesario que transcurran casi dos años para comprobar que este señor no era el fulano de las drogas?

Supongo que a este hombre le caerá algún tipo de compensación económica; desde aquí, le deseo de todo corazón que le den un buen porrón de millones que le permitan vivir como el protagonista de la serie Life. Aunque, digo yo, no sé si todo el oro del mundo le harán olvidar los largos días y noches sufriendo en el extranjero de reclusión y compañías de dudoso gusto.

Luego, resulta que otros casos chocan por todo lo contrario. A Jaume Matas, ese modélico gestor público según palabras de Rajoy, le ha caído el primer veredicto de culpabilidad de lo que puede ser una serie de condenas más. Claro, cómo no, recurre la sentencia; pero a este ciudadano ejemplar se le evita cualquier prisión cautelar hasta la revisión del juicio, pese a las demostradas pruebas de conducta poco honesta para con el patrimonio del contribuyente. Como si tener que presentarse quincenalmente a las autoridades para comprobar que no ha salido por piernas hacia algún exilio fuese suficiente castigo. Niño malo, que le decía aquella madre al hijo que había arrancado la cabeza al gato del vecino. Y no estamos en tiempos como para dar un leve tirón de orejas a quien se ha embolsado el producto del sudor de cada vez menos gente.

Por desgracia, al incalificable autor de la matanza de Toulouse no habrá oportunidad de sentarle en el banquillo de los acusados. Pienso que nada hace merecedor a nadie de una pena que suponga la supresión del acto de respirar, por muy hijoputa, desquiciado e inhumano que haya sido su comportamiento. Tampoco es que este tipo merezca una sola lágrima, claro; pero hubiese preferido verle pudrirse en la cárcel, pasándolas putas hasta el resto de su vida.

Ya veis, tres hombres que se han librado, al menos de momento, de una estancia a gastos pagados en el penal. Pero difícilmente podré hablar de justicia…

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Y donde dije digo…

•21 marzo, 2012 • Dejar un comentario

Siempre se ha dicho que aquellos que no aprenden de los errores del pasado tienden a repetirlos. También es sobradamente conocido que hoy en día hay que tener mucho cuidado con lo que se dice; no en vano, el poder de divulgación que cualquier mindundi con conexión a internet puede tener es enorme.

Así que he aquí un bonito vídeo en la que el partido mayoritario de la oposición en la anterior legislatura se dirigía al gobierno de entonces a cuenta de otra reforma laboral. Y no es que sea algo sacado de una estantería polvorienta del archivo; no llega a dos años, y la protagonista se encuentra al otro lado de la barrera en la actualidad.

Para empezar a soltar sopapos y no parar con tanto sinvergüenza…

Robar a los ricos…

•20 marzo, 2012 • 2 comentarios

…para dárselo a los pobres era la máxima de Robin Hood, el intrépido arquero que, junto con su banda, provocaba interminables quebraderos de cabeza al sheriff de Nottingham desde su escondite en el bosque de Sherwood.

El objetivo de este conocido héroe no era otro que el de aliviar la asfixiante presión fiscal que la plebe sufría por parte del puño de hierro del príncipe Juan Sin Tierra, combatiendo contra un ejército por medio de emboscadas y otras estratagemas ingeniosas.

Y el botín era revertido al pueblo, con la lógica alegría de quien ve restablecidos sus bolsillos tras haber sido vaciados con la legitimidad de quien ostentaba el poder.

Hoy en día, en cambio, inmersos en una apabullante crisis económica con una cantidad increíble de gente en apuros financieros, proliferan los listillos que pretenden sacar tajada de quien pasa por momentos de necesidad. Como el caso de esa señorita rumana que publicó una oferta de empleo, dirigida a operarios del mundo de la construcción, con unas condiciones interesantes: puesto de trabajo en Dubai por un año, 4.800 € al mes y viaje y alojamiento pagados. Tentador en un primer momento; y el único requisito, abonar 20 € para pagar la traducción del currículum al árabe.

Y claro, cuando la persona contratada para atender la recepción de correos electrónicos ve que empieza a acumular mensualidades impagadas y que la gente se queja de que sus 20 € no se han materializado, es cuando sale a la luz la estafa.

Siempre ha habido timadores; aunque  muchos timos se basan en que el perjudicado cree que se puede aprovechar de un tercero (véase el de la estampita), situación en la que me parece que se lo han merecido. Pero el que en estos tiempos quiera uno lucrarse a costa de las miserias de los demás es indignante. Por favor, ya tenemos bastante con los chupasangres de siempre.

Y que la gente utilice un poco la materia gris, que no se lance a la desesperada por precaria que sea su situación. Que la gentuza no descansa; y es un poco más difícil agarrarlos para que devuelvan el producto del latrocinio.

Plurales gramaticales

•16 marzo, 2012 • Dejar un comentario

Hoy se celebra el bicentenario de La Pepa, la constitución que tomó forma en las cortes de Cádiz en pleno fenómeno napoleónico peninsular. Pero más de aquella, prefiero hablar de la que tiene vigencia hoy en día tras la muerte de aquel “visionario” (sí, Sheldon, esto es sarcasmo) tras cuatro décadas de pasear el aguilucho.

Su primer artículo, según Wikipedia, reza así:

Artículo 1.

1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado

3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

Y ya, de primeras, me parece que, por decirlo sin incurrir en groserías ni improperios, nos la están dando con queso. Porque no consigo casar de ninguna forma los términos igualdadjusticia, sumados a la soberanía nacional emanada del populacho, con la Monarquía.

Porque se están atribuyendo a ciertos individuos unos derechos y privilegios simplemente por el mero hecho de haber llegado al mundo a través de una entrepierna femenina muy concreta. Que yo sepa, a ninguno de los de a pie nos van a instalar en un palacio, a gastos pagados con partidas presupuestarias salidas del escote público.

Rememorando un poco, históricamente el linaje de las realezas europeas se entrecruzaba en numerosas ocasiones; y en muchos de esos casos se podría hablar de rayar en la endogamia. Creo recordar que este factor influye poderosamente en la descendencia genética, por lo que no puedo más que dudar de que se trate de una raza humana de características intelectuales superiores a las del resto; si fuese así, quizás podría tener un punto a su favor a la hora de atribuirles ciertas capacidades sobre los demás que justificasen dichos privilegios.

Porque todo el mérito de aquellos que llevan adherido el epíteto de noble, remontándonos siglos atrás, consistió en que unos individuos consiguieron tener un garrote o un cuchillo más grande que los de otros, y así fueron ganando posesiones, tierras,… El imperio, o emporio, se iba incrementando anexionando por este método más y más terrenos; y cuanto mayor es el título nobiliario, más huesos se han usado para poner los cimientos.

Si todos somos iguales, que me lo expliquen. Igual es que me perdí los capítulos importantes de Barrio Sésamo y por eso no me entero. Y claro, como lo dice la constitución es algo que no se puede ni debatir. Porque de modificar la carta magna se ha hablado largo y tendido a cuenta de reivindicaciones de distinta índole durante mucho tiempo, y siempre se ha dicho que nanai. Con grandes aspavientos, por favor, cómo se va a retocar una sola coma de ese texto paradigma de tantos parabienes del estado; ahora, que cuando el oráculo alemán dijo que tal, se cambió a todo correr y sin convocar un, pongamos, mísero referendum popular que es lo que procedería si es que la soberanía emana del pueblo.

Y claro, normal que este fenómeno afecte hasta a la lengua; porque cuando un niño pregunta qué es el plural mayestático, es cuando se ha de explicar que se trata del empleo del noos. Uy, que se me fue el dedo…

Ya está bien

•15 marzo, 2012 • 6 comentarios

Nos toman continuamente por tontos; o, al menos, esa es la impresión que debemos de dar como colectivo de masa social frente a diferentes aspectos.

Dejando aparte la obvia y repetitiva tomadura de pelo por parte de los políticos (no creo necesario incidir más sobre un tema de lo más recurrido), vaya a donde vaya y mire a donde mire tengo la sensación de que somos considerados como números, por un lado, y primos por el otro; aunque se nos intenta dividir por algo más que nosotros mismos o la unidad (N.A.: chiste matemático, guiño, guiño).

Abres el periódico (ojo, edición impresa), y en la sección de ofertas de empleo solo hay, reales y como tal, 3 ó 4 con suerte. ¿El resto? Realmente anuncian cursos para oposiciones y empleo público, con fórmulas engañosas que a cualquier descuidado le podría pasar por una oferta real en firme.

Entras en Internet, te metes en una página y, automáticamente, se te abre algún ventanuco en el que te felicitan porque, casualidad de las casualidades de la vida, eres justo el visitante número 10.000 del día y tienes la opción de ganar un i-Phone, un Audi o una ración de angulas. Qué casualidad que en el 90% de las páginas siguientes, siempre por la más pura casualidad del azar mamado de la teoría del caos en su esencia más destilada, se presenta la misma oportunidad.

La teletienda es todo un mundo aparte. Creo que solo me falta ver un medicamento que sea la única cura milagrosa contra el cáncer y un aparato que deje la teletransportación del señor Scotty a la altura del betún. Todo lo anunciado es maravilloso al cien por cien, o incluso más; aunque lo verdaderamente alucinante es que jamás he visto en la calle a nadie con uno de esos chismes, o simplemente escuchar una conversación casual, de ésas que te ves obligado a presenciar en muchas más ocasiones que las que te gustaría, entre dos fulanos (o fulanas, seamos correctos con el sexismo lingüístico) glosando la idoneidad de las características de uno de los productos que se ven en esos anuncios que duran a eón la unidad.

Siguiendo con la caja tonta, llegamos a la horda de echacartas que pululan a partir de la hora de las brujas. Me aturde hasta el infinito que una sociedad que se autocalifica como moderna e inteligente siga cayendo por ese agujero. Los porcentajes de creencias personales se reparten mayoritariamente entre católicos y ateos; y creo que, desde la propia religión, ese tipo de vertiente no está contemplada. Y si no crees en una entidad superior, ¿cómo puedes pensar que la sarta de absurdeces que un supuesto experto (o experta) observa supuestamente de una tirada de tarot tiene la más mínima verosimilitud?

No nos llamemos a engaño; si todas estas cosas siguen existiendo es porque hay todavía gente que cae en ello. A fin de cuentas, no son más que negocios; y si continúan adelante, y floreciendo, es porque obtienen beneficios. Y dichas ganancias salen del primado de la masa social.

Sed críticos, pero no sólo de cine. Por nuestro propio bien…

Alma de poeta en corazón de doberman

•14 marzo, 2012 • 5 comentarios

Cave canem

Triste es pedir

•7 marzo, 2012 • 2 comentarios

Me había hecho a mí mismo la promesa de no hablar en este blog, en al menos lo que queda de semana, de asuntos relativos a la política. Y mira tú por dónde, va a ser que no. Porque o lo digo, o reviento.

El génesis de toda esta verborrea se debe a la noticia de cierto anuncio desde la corporación municipal de Pucela City. Por orden del señor alcalde se hace saber que: se multará a los mendigos de Valladolid con importes de hasta 1.500 napos. La noticia la podéis encontrar aquí.

Dejando a un lado la lógica disertación acerca de lo absurdo de imponer sanciones económicas a quien está pidiendo dinero en la calle (igual habilitan la opción de pagar en carnes; para gustos están los colores), voy a decirlo bien claro.

Si bien es cierto que diferencian el hecho de emplear métodos coactivos, ¿qué hay de ilícito en pedir limosna en una esquina? ¿Hace más fea la ciudad, o es que quieren evitar que toquen la conciencia de los viandantes? ¿O, más bien, es que no quieren que la gente vislumbre el futuro que puede que a muchos nos depare la actual situación económica?

Un país de pandereta, sí señor. Si no tienes un triste mendrugo de pan que llevarte a la boca te multan. Ahora, si eres un empresario que desvía fondos mientras declara su(s) empresa(s) en bancarrota y da por culo a trabajadores y proveedores (y a las trabajadoras y proveedoras también, vayamos introduciendo cierta corrección política para combatir el lenguaje sexista -me parto); si eres un político que se ha llenado los bolsillos a costa de corruptelas comunes y propias del mundillo; si eres un banquero que la ha liado petarda con bonos basura y has mandado al garete los ahorros de tantos comunes de los mortales (y mortalas) mientras tú sigues cobrando importantes comisiones con la pasta que ha salido de las arcas públicas… entonces puedes ir tranquilo, que no te va a pasar nada.

El día en que me decida si combatiré toda esta estupidez con agudeza o con contundencia, será la leche. ¿El filo de la Tizona, o más bien un buen Lucero del Alba?