Ya está bien

Nos toman continuamente por tontos; o, al menos, esa es la impresión que debemos de dar como colectivo de masa social frente a diferentes aspectos.

Dejando aparte la obvia y repetitiva tomadura de pelo por parte de los políticos (no creo necesario incidir más sobre un tema de lo más recurrido), vaya a donde vaya y mire a donde mire tengo la sensación de que somos considerados como números, por un lado, y primos por el otro; aunque se nos intenta dividir por algo más que nosotros mismos o la unidad (N.A.: chiste matemático, guiño, guiño).

Abres el periódico (ojo, edición impresa), y en la sección de ofertas de empleo solo hay, reales y como tal, 3 ó 4 con suerte. ¿El resto? Realmente anuncian cursos para oposiciones y empleo público, con fórmulas engañosas que a cualquier descuidado le podría pasar por una oferta real en firme.

Entras en Internet, te metes en una página y, automáticamente, se te abre algún ventanuco en el que te felicitan porque, casualidad de las casualidades de la vida, eres justo el visitante número 10.000 del día y tienes la opción de ganar un i-Phone, un Audi o una ración de angulas. Qué casualidad que en el 90% de las páginas siguientes, siempre por la más pura casualidad del azar mamado de la teoría del caos en su esencia más destilada, se presenta la misma oportunidad.

La teletienda es todo un mundo aparte. Creo que solo me falta ver un medicamento que sea la única cura milagrosa contra el cáncer y un aparato que deje la teletransportación del señor Scotty a la altura del betún. Todo lo anunciado es maravilloso al cien por cien, o incluso más; aunque lo verdaderamente alucinante es que jamás he visto en la calle a nadie con uno de esos chismes, o simplemente escuchar una conversación casual, de ésas que te ves obligado a presenciar en muchas más ocasiones que las que te gustaría, entre dos fulanos (o fulanas, seamos correctos con el sexismo lingüístico) glosando la idoneidad de las características de uno de los productos que se ven en esos anuncios que duran a eón la unidad.

Siguiendo con la caja tonta, llegamos a la horda de echacartas que pululan a partir de la hora de las brujas. Me aturde hasta el infinito que una sociedad que se autocalifica como moderna e inteligente siga cayendo por ese agujero. Los porcentajes de creencias personales se reparten mayoritariamente entre católicos y ateos; y creo que, desde la propia religión, ese tipo de vertiente no está contemplada. Y si no crees en una entidad superior, ¿cómo puedes pensar que la sarta de absurdeces que un supuesto experto (o experta) observa supuestamente de una tirada de tarot tiene la más mínima verosimilitud?

No nos llamemos a engaño; si todas estas cosas siguen existiendo es porque hay todavía gente que cae en ello. A fin de cuentas, no son más que negocios; y si continúan adelante, y floreciendo, es porque obtienen beneficios. Y dichas ganancias salen del primado de la masa social.

Sed críticos, pero no sólo de cine. Por nuestro propio bien…

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~ por Sir Worth en 15 marzo, 2012.

6 comentarios to “Ya está bien”

  1. Si es lo que dices tú, en el fondo es que hay demasiada gente que quiere creerse lo que le cuentan, por muy descabellado que sea. O eso, o que no tiene capacidad para discernir si le están vendiendo la moto de manera totalmente increíble.
    Gran entrada, por otra parte, hay tantos ejemplos de cómo nos tratan de tontos…

  2. de acuerdo contigo Sir y con Sonia, estamos tan necesitados de creer en algo que el aparato “raichinraicher”(siempre tienen nombres impronunciables) que te hace bajar 50kg en 10 segundos suena de lo mas genial y necesario. Y por otro lado (hablando de México pero supongo que será igual por allá) todos somos “Guadalupanos” no nos cae nada mal la ayudita del Tarot, del brujo o de la secta maravillosa que con solo una bendición del Hermano “Agapito Lopez Caste” nos conseguirán la CEO de Microsoft América Latina (no importa que no conozcamos nada de computo, mientras demos nuestra requerida “limosna”)

  3. Siempre ha habido gente muy crédula y jetas y chorizos que se aprovechan de ellos. El problema es que el nivel de acoso y engaño al que estamos sometidos es espectacular.

    Como decían en Airbag, tenía que haber aquí “andanadas de ostias”

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