La factura de las puertas

Hace un par de días estaba yo degustando un café en un bar, ritual habitual cuando salgo a hacer algunos recadillos y compras por el barrio. Había un periódico libre, y le eché mano para ir leyendo lo que contaban entre sorbo y sorbo de cafeína, lactosa y glucosa.

En esto, llego a una entrevista al señor Bill Gates; creo que no hace falta ninguna explicación para introducir al personaje público, mundialmente conocido. En ella, daba su opinión acerca de ayudas a países subdesarrollados y otros temas de actualidad.

Y en esto, cuando estaba a punto de pasar a la siguiente página, veo uno de los textos que están remarcados de entre todo el cuerpo del artículo; ya sabéis, de ésos que resaltan una frase concreta.

Decía algo así como que no entendía cómo, en España, no se habían bajado los sueldos como una de las medidas para combatir la crisis. Y mira, chico, hasta aquí podríamos llegar.

No creo que sea necesario introducir ningún gráfico ni estadística que explique cómo han evolucionado las nóminas y otros aspectos económicos durante las últimas décadas por aquí. Supongo que la mayor parte de la gente habrá observado cómo desde la generación de nuestros padres hasta la nuestra ha ido cambiando algo tan común como las hipotecas.

Antaño, las parejas / matrimonios se establecían, siendo un porcentaje interesante el número de ellas en las que sólo uno de los miembros aportaba una nómina al hogar. Adquirían su nidito, pasaban unos años batallando contra la eterna lucha de números dinerarios y saldaban la hipoteca al cabo de un cierto tiempo; y todo ello procreando y criando, con el consabido gasto generado por los churumbeles.

Resulta que cuando nos va tocando el turno a nosotros de ir independizándonos, observamos que:

  1.  los plazos de las hipotecas se han estirado más que un chicle, y es algo que parece no tener techo. Porque, seamos sinceros, cuando aparecieron los cincuenta años de apoquinamiento mensual y sus respectivas revisiones de euríbor, ¿quién no pensó en aquello de los préstamos contraídos por los padres que terminarían siendo pagados por los hijos y nietos?
  2. de trabajar uno de los dos, ni hablar. Ambos empleados (o autónomos, o lo que corresponda), dedicando al menos una de las mensualidades para dar de comer al banco. Bueno, de comer o de engordar las cuentas enormes de esos altos directivos que tanto dan que hablar en los últimos tiempos. Y, por ende, más estrés, menos vida familiar, mayor malcriamiento de las nuevas generaciones (véase el fenómeno nini, for example) y más cosas que todos conocéis.

Así que tenemos un estado en el que el ladrillo ha sido el negocio durante muchos lustros, y con el consiguiente beneficio colateral para los bancos. Llega la famosa crisis, se produce un éxodo masivo desde el empleo hasta la cola del paro, los contribuyentes de a pie se aprietan el cinturón aún más, se inyecta dinero público a los bancos con el fin de que tengan mayor liquidez para préstamos y vemos que no sólo se han vuelto más restrictivos a la hora de concederlos, sino que cada dos por tres (seis, para los poco duchos en el mundo de la aritmética) sale a la luz que determinado alto ejecutivo bancario se ha llevado una tajada de no-los-ganaría-ni-viviendo-mil-vidas de euros. Y, creo recordar,  las entidades bancarias han jugado un papel bastante importante en la génesis de la bajada en picado de la economía mundial.

¿Y encima tenemos que escuchar patochadas de tal calibre? Señor Factura Puertas, dedíquese a que su jodido Windows deje de dar tantos problemas y elimine los bugs de tantos usuarios, y no ponga el dedo en la llaga. Que no está el horno para bollos, precisamente. Y menos, de boca de alguien que podría emular, perfectamente, las actividades natatorias del Tío Gilito.

Porque mientras la subida de sueldos ha sido ridícula (en los casos en los que se ha ido produciendo), los precios empezaron a hacer sombra al Gigante Verde. Por no hablar de pensionistas, claro.

Y un consejo para el señor Rajoy; si quiere un experto en recortes eficaces, ponga al cargo a un ama / amo de casa de un hogar común. Ya verá qué pronto desaparecen los agujeros negros y se arreglan las cosas. Porque al paso que va la burra, cualquier día los recortes, de hacerse por decreto gubernamental, pasarán a efectuarse por el drástico pero efectivo método implantado por aquel señor del país a continuación de los Pirineos. Monsieur Guillotine…

Cuánta razón tenía Antúnez: si no hay más que gentuza…

 

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~ por Sir Worth en 25 febrero, 2012.

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