¿Qué hay de nuevo, viejo?

Mucho tiempo sin dar el coñazo por aquí, para suerte de todos vosotros y vosotras; pero, realmente, poco nuevo hay para contar. Entre eso, y una gran pereza a la hora de ponerme a escribir, he ido dejando abandonado este rinconcito; y no es, precisamente, porque ande escaso de tiempo…

Un dato enormemente positivo: cuatro años se han cumplido ayer en el proyecto de construcción conjunta manchego-vizcaíno. Y arañando los días para establecer un único lugar de residencia conjunta… L’amour, l’amour…

Veamos; sigo buscando una ocupación activa remunerada, tras haber llegado al plazo habitual de gestación de un embrión humano (nueve meses, para los poco avispados). Lo de siempre, enviando solicitudes y haciendo entrevistas; para la morralla, enseguida quieren cogerte. Para las interesantes, pasas alguna(s) fase(s) de selección y te quedas con los dientes largos.

Con mis correrías musicales, continuamos asentando la versión de cuarteto de Inner; el grupo se va consolidando, y tenemos la confianza de estar dando guerra por esos locales y bares repartidos por ahí en un plazo relativamente corto. Por otro lado, en Lost Dawn aún seguimos buscando miembros con los que terminar de completar la formación; el repertorio va aumentando, pero aún faltan dos patas en este banco (o una que cante y toque el bajo a la vez, que tampoco es descartable).

Escribir, como podéis ver, cada vez menos. Si no fuese por el proyecto de La Trece Negra, cuyo segundo número ya podéis descargar o leer online aquí, habría ausencia total a la hora de aglutinar caracteres legibles. Lo dicho, pura pereza… por falta de tiempo e ideas no es, no.

Y por fin contamos con viento fresco; es decir, que después de un falso invierno primaveral, llegaron las temperaturas y precipitaciones propias de esta época del año. Que la gente deje de echarse las manos a la cabeza, que no estamos viviendo ninguna situación excepcional; lo raro es estar en pleno enero con más de quince grados (por lo menos, en Bilbao), y unos cuántos días seguidos sin lluvia. Además, después de que hace un par de semanas Valen y un servidor subiésemos al Pagasarri, pude constatar que tanta inactividad por mi parte, a la que se le ha unido un considerable aumento de la dosis nicotínica, han mermado un tanto mi forma física. Con lo cual, llevo dos semanas subiendo al monte cada dos días, y he rebajado considerablemente el volumen de humo inhalado.

Así que ayer tuve la oportunidad de comprobar cómo se ve Bilbao sin mí, y rodeado de nieve. Y en pantalones cortos, cómo no…

 

Todo un icono del bilbainismo

 

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~ por Sir Worth en 4 febrero, 2012.

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