El cuento de nunca acabar…

Parece que fue ayer cuando, movido por la curiosidad, le empecé a coger la guitarra española a mi hermana. Poco a poco, comencé a ser capaz de colocar mis dedos de forma eficaz para hacer sonar acordes; con algo más de esfuerzo, conseguí lograr cambiar de uno a otro con soltura. Y ahí me lancé…

Mi primera compra fue mi guitarra roja, innumerablemente comentada en estas páginas. Con escaso presupuesto, tenía varias cosas claras cuando acudí a la tienda. Debía ser de puente fijo, ya que los flotantes son bastante más caros de por sí (si es que quieres uno que no se te desajuste en cuanto le das al trémolo); así que opté por un modelo de madera bastante recia, y que, por tanto, pesa bastante comparado con la inmensa mayoría (aún no he encontrado otra de mayor masa).

Intentando domar la furia roja... cómo molaban esos jacks verdes fosforitos

Algo más de un año después, tras juntar un poco de dinerito, llegó el momento de darle a la colorada un hermanito que le hiciese las veces de portavoz; así, di la bienvenida a mi primer ampli: un Laney GC50, de 50 watios a transistores, con dos canales (limpio y distorsión), ecualización y rever.

Laney GC50

Quería un chisme que me sirviese tanto para tocar en casa como para, si llegaba el caso, no se quedase pequeño en caso de tocar con más gente. He de reconocer que, en las sesiones del hogar, el volumen está algo por encima del uno…

Otro año más debió transcurrir hasta la aparición de mi primer multiefectos: el Zoom 3030 que tanta tralla ha soportado. Aunque tuve que jubilarlo hace como año y medio, ya que fallaban las conexiones de salida y tenía unas cuantas soldadas sobre soldadas, no me he deshecho de él. No está en condiciones de ponerse a la venta, pero me da pena tirarlo…

Simpleza en el diseño, complejidad en el manejo...

Ante mí, todo un mundo de sonidos nuevos: distorsiones, chorus, modulaciones automáticas, filtros,… qué pasada.

No recuerdo cuándo fue, pero decidí darle a la guitarra un sonido un tanto mejor. Así que pasó por el taller para un cambio de clavijeros (para que no se desafinase tan fácilmente) y de pastillas. Y vamos, con las DiMarzio Evolution conseguí un sonido más limpio y cañero, y unos armónicos flipantes…

pastis, pastis,...

Por aquella época, ya había hecho algunos pinitos juntándome con algunos amiguetes en varias ocasiones; pero sin surgir nada serio. Hasta que con Edu, Kepa y, posteriormente, Valen, acabamos montando un proyecto que no cuajó finalmente. El Laney tiraba más o menos, pero ya era consciente de que, en caso de querer montar algo más gordo, precisaría de un ampli de mayor potencia…

Por circunstancias del destino, abandoné aquel grupo y estuve varios años en el limbo de tocar en casa; hasta que llegó el día en que me reclutaron los Turbulentos. No sé qué mal hice en mi vida anterior para soportar semejante penitencia… y tan a gusto, vamos.

Una cosa que hay que tener clara a la hora de adquirir equipo es saber el tipo de música que vas a practicar, y con qué gente. Porque si la batería es electrónica, hasta puedes tocar en acústico si haces jazz o algo suave. Pero cuando afrontas el reto de integrarte en un grupo de heavy, has de asumir que necesitarás un trasto potente.

Y esto yo ya lo tenía en mente al juntarme con esta panda de adorables chalados; pero, en aquella época, la economía me decía que tenía que esperar para poder hacerme con un monstruito potente. Por suerte, apareció en escena el simpático Iván, quien me ofreció dejarme su ampli ya que lo tenía muerto de risa en casa (enchufar un bicho así al mínimo puede suponer un linchamiento por parte del resto de vecinos) y así se le daba provecho.

La foto no es mía, pero suficiente para que los profanos se hagan una idea del tamaño...

Obviamente, la idea subyacente era convencerle para que me lo acabase vendiendo. Primero, porque no me agradaba andar dándole caña y moviéndolo del local a donde quiera que tocase el bolo sin ser mío. No entiendo cómo hay gente que se queda tan ancha disponiendo del equipo de los demás así, de por vida, sin tan siquiera hacer el amago de adquirir el suyo propio. Y segundo, porque cualquier avería me la iba a chupar yo, igualmente, pero con el añadido del disgusto de haber estropeado algo que no era mío.

Así que tras un par de meses, la operación de lavado de cerebro surtió efecto y el chiquitín pasó a ser mío. Otro trasto más…

Como ya he dicho antes, al viejo Zoom le llegó su hora. El detonante fue el fallo en medio de un concierto en el Chacha, y no tardé demasiado en agenciarme mi actual multiefectos, también en formato de pedalera: un Pod XT Live. Si el anterior tenía un montón de combinaciones, con este aún tenía para volverme mil millones de veces más majara.

No, los ovnis tienen menos lucecitas...

Y si ya tenía unas cuantas cosillas, llegó María con un par de regalos. Primero, la fierecilla negra que, hace un rato, acabo de colgar en el gancho situado en la pared de al lado de donde me encuentro:

Corazón negro, corazón de metal...

Y en segundo lugar, llegó este pequeñajo cuando el Laney tuvo una época un poco tonta que casi estuvo a punto de fastidiarme en cierta ceremonia nupcial en la que me pidieron colaboración musical:

bichito, bichito...

Con 20 W, más que de sobra para tocar sin que la madre de Howard se queje desde abajo. Así que tengo el Laney aquí, y el otro en la sala. Igual me hago con otro para tener con qué tocar cuando me siento a reinar…

Así que este es mi pequeño arsenal. No tengo tantos trastos como otros auténticos sibaritas del material instrumentístico, pero tampoco es moco de pavo ni mucho menos. Y, por mucho que sea, siempre estás pensando en comprarte otra guitarra, otro ampli,… es el cuento de nunca acabar.

Como en todo, hay una increíble gama de productos y precios. Desde el clásico kit de guitarra y ampli Sonora o similar por unos pocos euros (eso sí, hay que ser consciente de que adquieres un equipo para empezar y nada más) hasta auténticos guitarrones de miles de euros (o amplis, o lo que sea). Sí, la música es un hobby caro; pero tampoco me voy a quejar. Porque cada vez que Valen tiene que comprarse un plato nuevo, pienso que soy muy afortunado de no haberme dedicado a la batería…

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~ por Sir Worth en 11 agosto, 2011.

Una respuesta to “El cuento de nunca acabar…”

  1. […] Hace un par de meses procedía a desglosar en una entrada el equipo musical que este ente disperso tiene a su disposición. Por si no lo recordáis o no la habéis leído, el mencionado post está aquí. […]

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