¿Qué me pasa, doctor?

No, no es que mi salud esté comprometida; aunque es cierto que aún no estoy del todo restablecido del resfriado sufrido a cuenta de la caladura de antes del último concierto, se puede decir que me encuentro casi al 100%.

En esta ocasión se trata de una compañera de viaje que me lleva aguantando la mitad de mi vida; 17 añitos, para ser más exactos. Se trata, cómo no, de mi inseparable guitarra roja:

Davinner Fernanbulence

 

Tras dos semanas en las que me encontraba bastante poco cómodo con digitaciones en trastes altos del mástil, hace unos días me percaté de que la acción (para los poco duchos, la altura de las cuerdas al mástil) en esa parte era bastante grande. Demasiado para mi gusto, y supongo que para el de la inmensa mayoría de aporreadores del clavijero de a seis. Básicamente, se traducía en que desde que empezaba a apretar con mis deditos hasta que llegaba a su destino la cuerda se podía deslizar hacia arriba o hacia abajo; y, a su vez, la púa pegaba en otras cuerdas ya que la pulsada quedaba demasiado baja. Vamos, igual un buen profesional podría seguir así como si nada, pero para los que no deslumbramos por nuestra técnica…

Así que esta mañana me he dirigido con ella a un establecimiento para ver qué solución me podían dar. Me estaba temiendo que podría incluso llegar a estar comprometida el alma, que es básicamente un enorme tornillo metálico que recorre el interior del mástil y que es el que compensa la enorme tensión que ejercen los juegos de cuerdas que no son de nylon (los de las guitarras clásicas, vaya).

Bueno, pues por la tarde me han llamado para decirme que prácticamente ya estaba lista; tan sólo restan unos detalles que finalizarían mañana, ya que les faltaba alguna herramienta para ello. Así que estoy como loco… Porque resulta muy frustante que después de unas cuantas horas de práctica con su hermanita negra en casa, llegas al local y las menores pijadas se te atragantan.

Qué ganas tengo ya de pasar a partir de las doce del mediodía de mañana…

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~ por Sir Worth en 28 julio, 2011.

2 comentarios to “¿Qué me pasa, doctor?”

  1. Si te soy sincero, no tengo ni idea de tocar la guitarra, así que me produce envidia sana cuando alguién ducho en el tema se explaya, bien sea en la teoría o en la praxis. Además, la longevidad de ese apéndice musical que lleva contigo 17 añitos y el cariño que le profesas no hace sino acrecentar mi admiración. A por otros 17 añitos más: esa guitarra se ha ganado un lugar en el panteón familiar… 😉

    • Si te soy sincero, yo tampoco tengo ni idea de tocarla… ;P

      Y sí, tendrá un lugar en el panteón familiar: ¡¡que me incineren con ella!! ¡¡Por Thor, por Odín y por Ejemplo!!

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