DE VIENTOS Y PELOS

Ayer iba caminando por el Puente Euskalduna, ascendiendo la pendiente con la ayuda de un fuerte viento de cola. Y me acordé de cómo odiaba los días de aire vivo cuando mi testa lucía con orgullo el aspecto de la foto:
 
 
Básicamente, por lo molesto que resulta un latigazo cabellil en pleno globo ocular… y eso que cuento con protección extra, proporcionada por mis sempiternos anteojos.
 
La verdad es que, tras más de diez años de deforestación craneal, no echo de menos demasiado (un poco sí, es cierto; pero sólo un poco) aquellas melenas. Desde que me alié con Gillette en contra del gremio de la peluquería, es impepinable lo que he ganado en comodidad. Aún me pregunto cómo aguantaba los días de canícula con esas greñas aumentando la temperatura de mi siempre ebullente cerebelo.
 
Y es que la vida es como la calvicie. Unos no sólo no lo vemos como un inconveniente, sino que sacamos provecho de ello luciendo orgullosamente una gran frente despejada. Otros se resignan, aunque siempre mirando al pasado. Y otros, como muestra la instantánea que he sacado de muyloco.wordpress.com , no terminan de asimilarlo y tratan de maldisimularlo:
 
 
Y es que ya lo dicen por ahí: ¿cuándo se ha visto un burro calvo? (¡Mierda, mal ejemplo! Que burro soy un rato…).
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~ por Sir Worth en 16 noviembre, 2009.

Una respuesta to “DE VIENTOS Y PELOS”

  1. Dios, el mesías! Acabo de tener una aparición mariana, digo, worthiana :)Aleluya!

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