MÁS LARGO QUE UN DÍA SIN PAN…

Como consecuencia del cambio que hicimos de almacén, acortamos el tiempo de cierre del mediodía -de dos a una hora- para quedarnos aquí a comer; algo lógico, ya que a algunos se nos duplicaba, tanto en tiempo como en espacio, el trayecto a recorrer. Y claro, para llegar a casa con el tiempo justo de papear y exponerte a tener una digestión chunga por tanto moverse, preferimos hacerlo aquí tranquilamente y ahorrarnos unos pocos euros al evitar una ida y vuelta.
 
El anterior jefe habilitó una salita con cafetera, máquina de agua, microondas y nevera en la que aprovisionamos nuestros organismos con los nutrientes pertinentes (algunos compañeros todavía no se han acostumbrado a ver lo poco que como; pero, como digo siempre, el buen material con poco se mantiene). o tomamos un descansillo cafeínico cuando la situación es propicia.
 
Cada cual se trae sus taper y tarteras, más lo que necesite. Y aquí entra el pan en escena…
 
El nuevo jefe, que tan poca mano izquierda está mostrando tanto en el día a día y trato personal, como con el tema del ERE ("yo me pondré la chaqueta de la empresa, más que nada porque alguien tiene que hacerlo" soltó en la reunión del lunes; yo me pregunto si alguna vez se la había quitado), desde el primer día empezó a no traer pan y, por tanto, pedirlo. Un día, y otro, y otro más, y así ya lleva dos meses. Y me toca la moral que un tío que aparece media hora más tarde que los demás porque lleva a los críos al colegio (cosa irreprochable) no pare un minuto a comprar una mísera barra; ya me diréis qué colegio no tiene una panadería en sus inmediaciones…
 
Si yo tengo que salir un poco antes de casa para comprar pan, como el resto de compañeros, ¿él es caballito blanco, acaso?
 
Por tanto, en vista de su falta total de compañerismo y su gorreo continuado, hace unos días que o me traigo el pan que más o menos sé que voy a comer, o si compro barra la misma mañana meto un cacho en la bolsa y el resto se queda en la taquilla. Y esto el resto de compis lo saben; les hace gracia y tal, pero ellos siguen dándole. Así que trozo a trozo, se acaba cepillando una barra a la semana a costa de los demás.
 
Pues por mis huevos, que por mí no será…
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~ por Sir Worth en 22 octubre, 2009.

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