EDUCACIÓN

El otro día estábamos en el "comedor" que tenemos habilitado en la empresa; me disponía a dar cuenta del contenido de mi tupper, cuando reparé en que no había cogido agua para ayudarme a deglutir. Viendo que un compañero se hallaba junto al microondas y, por ende, junto a la máquina de agua, le pedí si me podía pasar un vaso lleno, por favor. El hombre, que es más majo que las pesetas, me dijo que sí, pero que qué era eso de "por favor", que no se lo pidiese así. Obviamente, respondí, es un tema de educación, un formalismo más de la convención social; y aunque tenemos confianza (por supuesto), lo cortés no quita lo valiente.
 
Todo esto devino, y deviene, en un debate acerca de la sociedad de hoy en día. Soy de los que opina que las personas pueden ser maravillosas, pero cuando se agrupan en tumultos denominados "gente", la turba se torna en gentuza. Y una de las características de la gentuza es la falta de educación.
 
El civismo, o en este caso su ausencia, se manifiesta de múltiples maneras. No es necesario referirse a tópicos como el de ceder el asiento del autobús a una persona mayor o a una embarazada; hay muchos ejemplos para ilustrar mi opinión. Verbi gratia:
 
1.- Vas a salir del metro y, según se abre la puerta, observas cómo varios individuos situados en el andén empiezan a entrar antes de que hayas empezado a retirar la mano con la que has pulsado el botón de apertura. Lo malo es que si gente así se topa con un tío calvo con gafas y perilla, de 1.84 y careto de mala leche, que sepa que no va a reparar en atravesar su endeble muralla con todas las de la ley (es gracioso, pero a pesar de las tremendas embestidas que regalo, nadie me ha dicho nunca nada -más les vale).
 
2.- En el supermercado, todo un clásico: te adentras en uno de los pasillos de estanterías para coger cualquier artículo, y te encuentras con carros en el medio mientras que su conductor se halla en el pasillo contiguo; o varias personas que han elegido el mismo punto para colocar sus carros a la par. Ven que te acercas, y aún así son pocos los que, de motu propio, apartan su contenedor de vituallas (por no hablar de la mirada asesina, claro).
 
3.- Quienes conducen tienen en su posesión, supuestamente, un carnet que les fue entregado tras varias pruebas y demás formalismos. Lo que pasa es que debe de haber varias versiones del código de circulación; en la mía, el uso del intermitente es obligatorio. Y es que más que una mera norma, indicar al tío que va detrás tuyo que te vas a cambiar de carril es una muestra más de educación. Aunque no sé qué es peor, que no lo pongan o que lo hagan cuando ya se han cambiado de carril.
 
4.- La falta de puntualidad es, a su vez, una muestra de desconsideración para con los demás. Vale, sí, un día en concreto puedes llegar tarde por un motivo puntual. Pero ser un tardón por costumbre y no poner medios para subsanarlo dice mucho de la opinión que te merecen las personas con las que has quedado. Y el tiempo de todos es igualmente de valioso…
 
Y no pongo más casos porque ya me quedan escasos minutos para salir. Esto es como un tercer grado penitenciario: sales por la tarde para pernoctar en casa… pero a la mañana siguiente has de ingresar de nuevo. Y vuelta a sufrir…
 
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~ por Sir Worth en 7 septiembre, 2009.

Una respuesta to “EDUCACIÓN”

  1. No estoy para nada de acuerdo con los puntos 1, 2 y 3 🙂

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