SEIS: HILE, PISTOLERO

 

 

SEIS: HILE, PISTOLERO

 

Una explosiva reacción en cadena se propagó entre los diecisiete hombres y mujeres refugiados en el interior de la estación de paso, al reconocer sin dudarlo a aquel que había hablado desde el otro lado de la puerta. Sin excepciones, salieron disparados en masa hacia la entrada, vociferando mientras pugnaban con el provisional apaño que habían tenido que realizar para sujetar la cerrazón tras la impulsiva llegada de Tulio, Viajero y Sir.

Prácticamente sufriendo un nuevo ataque, tan incontrolado como la estampida de cientos de elefantes huyendo en desbandada de un incendio, los clavos saltaron y la madera cedió en menos tiempo que el que llevó la reparación.

Al otro lado de las jambas, dos hombres aguardaban en el borde del porche sin mostrar la más mínima señal de impaciencia. Si bien sus rostros quedaban ocultos bajo el ala de un sombrero y una capucha, la postura de sus cuerpos transmitía a las claras un extenuante cansancio.

Dado que fue el primero en emerger de la cantina, Valandil de Gilead confirmó, con un alegre grito que hizo vibrar a sus compañeros con la energía del trueno, la identidad de uno de los recién llegados.

-¡Trax! ¡Alabado sea Gan! –empleó tanto ímpetu en abrazar al pistolero decano que ambos estuvieron en un tris de caer hacia atrás.

-Vaya; yo también me alegro de veros a todos, chicos –consiguió articular Trax, tras recobrar el resuello, mirando a todos los muchachos que se arremolinaban a su alrededor, aguardando su turno para poder saludar a tan grata incorporación con la misma ansia que un grupo de niños codicia un gran saco repleto de golosos dulces-. Por lo que veo, estabais bastante entretenidos ahí dentro; al menos, lo suficiente como para no daros cuenta de que la tormenta de arena amainó hace un largo rato.

La ronda de demostraciones de afecto se iba completando, con sonrisas, intercambios de besos, abrazos y apretones de mano.

-Vaya, Tulio –comentó Trax al estrechar aquel mudo cuerpo desdibujado-. Ahora entiendo por qué te sentía de una manera tan anómala. No te preocupes; cuando hayamos repuesto energías, intentaremos devolverte a tu estado natural. Necesitamos tus pistolas, compañero.

Por toda respuesta, Tulio inclinó su cabeza. De nada le valía desesperarse; y si Trax opinaba que podría recuperar su corporeidad, bien valía aguantar unos minutos más.

 Eugenia reparó en el silencioso acompañante, que esperaba la conclusión de tan espontánea ceremonia con parsimonia.

-¿Quién es tu amigo?

-Estoy seguro de que no habrá uno de vosotros que no conozca su existencia y sus andanzas a lo largo del Mundo Medio –alargando una mano hacia el hombre tocado con un hábito negro que le cubría por completo, Trax le hizo una seña para que se acercara a él-. Es para mí un honor presentaros al gran Alcorze.

Retiró la capucha, dejándola resbalar hasta que quedó colgando en su espalda. Sus ojos vivos resplandecieron sobre la tupida barba que poblaba su faz, mientras que lucía la testa a la despejada usanza de Sir Worth.

-Hile, Pistoleros; también soy conocido en diversos Callas como “el Errante” –explicó Alcorze entre saludos, utilizando el sobrenombre que le daban en diversos lugares al no tener establecida una morada fija. Se rumoreaba que la mayoría del tiempo rondaba por las cercanías del Monte Kaio, pero era un tipo bastante difícil de encontrar… a menos que él saliese al paso.

Retornando al interior de la estación de paso con mayor mansedumbre, en las cabezas de los pistoleros se iban iluminando recuerdos de historias que habían ido escuchando a lo largo de cada una de sus misiones. Hasta existían ciertas habladurías que se referían a Alcorze como uno de los grandes magos que, junto con el propio Maerlyn, habían atravesado distintas épocas desde los tiempos antiguos gracias a poderes cuya procedencia no quedaba muy clara. Y lo sobrenatural despertaba ligeros temores en los pistoleros.

Sin que ninguno de los recién llegados lo pidiera, les sirvieron sendas titánicas raciones de comida, lo que agradecieron con el mismo entusiasmo con el que devoraron el contenido de los platos. Bruneliere y Rodri no pudieron evitar sonrojarse con la salva de loas hacía su bien hacer culinario, y se sintieron aún más complacidos cuando Trax pidió repetir, si aún quedaba algo.

Retirados los restos, y dispuestas las sillas en un formidable corro, varias manos procedieron a ir liando cigarros; se avecinaba una charla ansiada por todos, y los grandes fumadores siempre se procuraban nicotínica compañía en dichas ocasiones.

-Bien, veo que estamos todos –comenzó Trax-. Antes de que lo preguntéis, fui yo quien os llamó por medio del toque.

-Lo sospeché desde un principio, aunque tampoco tenía certeza de ello –replicó Kevin, revolviéndose su revuelta melena.

-La verdad que hay pocos que tengan un alcance tan largo y potente con el toque como nuestro jefe de filas, elegido entre nosotros por aplastante unanimidad –aplaudió Flor. Había subido sus pies en el asiento, y mantenía sus piernas flexionadas en una postura propia de concentrados sabios.

-Sabéis que acepté comandaros sólo hasta que aquel que tiene un poder mayor que el mío vuelva para liderarnos.

-Ya que lo mencionas, ¿tienes novedades acerca de Roland? –Suspirando, Charlie intentó recordar la última ocasión en la que coincidió con el principal pistolero-. ¿Y del resto de nuestros compañeros?

-Las mismas que podéis conocer vosotros mismos. De Roland, os puedo decir que salió sin comentar su destino; sólo Gan sabe donde puede estar metido. Intenté alcanzarle con mi toque, pero no logré dar con él; puede que esté a muchísima distancia, pero algo en mi interior me dice que está perdido en algún extraño exotránsito. En cuanto a los demás, no lo sé; sólo pude contactar con los que os halláis ahora ante mí –apostilló Trax, rascándose la coronilla allá por donde la deforestación capilar había abierto un pequeño claro.

-Bien, desde luego que su ausencia es más que notable –indicó Sir tras exhalar una larga calada. Su pitillo fue lanzado a una vasija colocada para tal efecto, y antes de tocar el fondo ya estaba liándose otro-. Pero creo hablar en nombre de todos si te digo que nos morimos por conocer el objeto de tu requerimiento.

Un murmullo generalizado, alzándose como un pato cojo y patoso se levantaría de su nido, se elevó por encima de las cabezas, confirmando la afirmación de un pistolero al que Hinata le recriminó que estaba fumando demasiado últimamente.

Alcorze sonrió, sin pronunciar palabra alguna, mirando socarronamente a Trax mientras se mesaba distraídamente la barba. En sus ojos, se leía con claridad un “ya te lo había dicho”.

-Veo la impaciencia en vuestros rostros, mas prefiero aguardar a que lleguemos al lugar donde mora la amenaza. Me ha parecido apreciar en el establo caballos suficientes para todos, así que abandonaremos este lugar dentro de una hora; llegaremos cuando el sol esté a punto de ponerse.

-Si he de serte sincero… preferiría oírte garlar largo y tendido… si a bien tienes, sai… acerca de eso tan importante… que nos ha hecho venir a todos. Pero si es tu deseo… Viajero Jack no pondrá mayores objeciones… siempre que su vaso rebose ese whisky tan rico… si es que aún queda.

Era el turno de Trax, quien no reparó en dedicar un significativo gesto a Alcorze: “yo también”. Por su parte, el Errante no pudo reprimir una carcajada ante tal muda conversación.

-Lo que no entiendo es por qué no nos has citado directamente en el punto de destino –inquirió Les Paul.

-Es demasiado arriesgado; podrían descubrirnos antes de tiempo, y la sorpresa es un factor que no podemos permitirnos perder. Además, calculé que era imposible que llegaseis todos a la vez, por lo que busqué un sitio seguro, y a la par no muy distante de allá donde nos dirigiremos, en el que nos pudiésemos agrupar.

-La verdad es que en dos días nos hemos juntado, lo cual es relativamente sorprendente –observó Sombra, bajo la atenta y significativa mirada de uno de los pistoleros que no pasó desapercibida a unos pocos de los contertulios.

-Punto a favor de esta pequeña orquestina –saltó Pipe, repantingado hacia atrás con las manos entrelazadas tras la nuca-. Cuando Ka mueve sus engranajes, lo hace a conciencia.

-Ka es Ka; e intentar escapar a su avance es tan inútil como un carro sin ruedas –enunció Sophie; su estática postura no ocultaba sus ansias por pasar a la acción.

-Y nosotros somos Ka-tet –Darkcloud hacía girar una de sus pistolas en la palma de la mano.

-Un Ka-tet formado por diecinueve individuos excepcionales, según constatan mis sentidos –la dulce cara de niña de Olivia, la culpable de que tantas veces la hubiesen tomado por una inquieta adolescente, se tensó al expresar su idea.

-El Ka-tet del diecinueve; me gusta ese nombre –apoyó Les Paul.

-Bien, aun queda algo de tiempo. Antes de intentar que Tulio vuelva a su ser, ¿cómo andamos de municiones?

-Nosotros tres estamos secos… pero el plomo que tiramos… en aquella encerrona… no se perdió en el aire… Lástima de no tener más.

-Las chicas del Este contamos con varias docenas, pero tampoco como para echar cohetes –sentenció Charlie.

-Ni el grupo de Valandil ni el nuestro puede aportar más que unas pocas balas –añadió Kevin, con cierto deje de pesar en su voz.

-Qué sería de vosotros sin la previsión de las mujeres; en nuestro carro hay varias cajas repletas–la noticia de Hinata enardeció unos ánimos que se estaban viniendo abajo.

-Traemos tantas balas como para matar a cada Breaker veinte veces –la sonrisa de Sombra se torno en una siniestra mueca.

-Perfecto –asintió Trax, notablemente complacido-. Bien, id recogiendo vuestras cosas y pertrecharos para el camino. Esperad a que os llamemos para volver a bajar; Alcorze y yo necesitaremos mucho espacio para poder recuperar al querido Tulio.

El resto de los pistoleros se encaminaron con presteza hacia las escaleras, ascendiendo por sus peldaños en una ligera y organizada comitiva en peregrinación hacia los cuartos de la planta superior. Mientras tanto, Trax procedió a arrinconar las sillas y mesas a una velocidad impensable para un hombre de uno ochenta frisando la cincuentena. Alcorze, por su parte, salió un momento a buscar agua del pozo, llevando para ello un enorme odre de piel.

Tulio, sumido en su enigmático silencio, aguardaba su turno sentado en una de las sillas, con las piernas cruzadas. Había querido colaborar con Trax, pero una orden queda de éste le conminó a permanecer apartado.

Retornando con el hinchado pellejo a rastras, Alcorze lo depositó en el centro de la estancia. Observando de soslayo al joven encantado, dirigió su mirada hasta donde Trax estaba terminando de amontonar las mesas.

-Escucha –la voz del Errante no cruzó el aire, sino que brotó dentro de la cabeza de Trax-, no estoy seguro de que mis poderes puedan romper el hechizo.

-Yo tampoco –el veterano guerrero respondió por la misma vía; ninguno de los dos quería intranquilizar a Tulio-, pero hemos de intentarlo con todos nuestros recursos.

-¿Y si fallamos? ¿Por qué lo has anunciado con tanta certeza? Si no lo conseguimos, el chaval puede hundirse anímicamente gracias a las esperanzas que le has dado.

-Sabes que cuanto más dispuesto se encuentre, más probabilidades hay de librarle del sortilegio. Además, confío plenamente en ti; no te llaman el Errante por fallar, precisamente.

El juego de palabras devolvió el humor a Alcorze, quien pidió a Tulio que se acercase. El hombre del hábito negro inició una serie de cánticos en un lenguaje incomprensible, siguiendo una gutural cadencia que provocó un hipnótico trance en el joven. Sacó de su bolsa de arpillera un extraño objeto, compuesto por un palo de madera estrambóticamente retorcido, en uno de cuyos extremos pendían unas tiras de cuero y de pelo de animal, caballo posiblemente. Sin cesar su extraño palabreo, lo fue pasando por todo el contorno de Tulio durante largos minutos.

Agarrando con descomunal fuerza el odre hasta alzarlo por encima de su cabeza, Trax se acercó hasta la espalda del hechizado, siguiendo las precisas instrucciones que Alcorze le transmitía a través del toque.

De repente, el cántico ganó una intensidad exponencial, y el cuerpo situado delante suyo comenzó a brillar, emanando una cegadora luz que obligó a Trax a cerrar sus párpados para proteger sus ojos de una exposición tan dañina a aquella escasa distancia. Pero a pesar de no ver la diabólica forma que estaba tomando aquella radiación, podía sentir aquella aura de creciente malignidad de la misma manera que notaba cómo sus brazos, entumecidos por mantener en vilo tanto peso, chillaban pidiendo verse librados de tan extremo sufrimiento.

-¡Ahora, Trax! ¡Vacíaselo encima!

Sin demorarse una décima de segundo, una de sus manos liberó el nudo del cordel que conservaba cerrado el pellejo. Una impetuosa tromba de agua golpeó con la furia del mismo océano en aquel ígneo demonio, provocando una explosión de luz con una secuela sónica que conservó las mismas proporciones en su contundencia.

En el piso de arriba, multitud de sonidos de pasos galoparon por el pasillo, y la cabeza de Les Paul, que ocupaba la habitación más cercana a las escaleras, se asomó por el descansillo, como una sorprendida lámpara tras el bamboleo producido por un increíble movimiento sísmico.

-¡Eh! ¿Estáis bien ahí abajo?

-¡No he estado mejor en mi vida! –respondió Tulio, humeante y completamente empapado, exhibiendo una exultante sonrisa mientras agitaba la cabeza, levantándose del suelo, donde el chorro lo había enviado-. ¡Gracias, Errante!

-No me las des; ha sido una suerte que haya podido hacer salir de tu interior al genio de fuego que te mantenía en una especie de realidad alternativa. Si te he de ser sincero, no las tenía todas conmigo. Y la colaboración de Trax ha sido decisiva, al apagar su llama en el momento justo.

No bien hubo concluido Alcorze su explicación, Tulio se vio envuelto en una turba descontrolada de pistoleros que querían demostrarle su alegría por gozar con su añorada compañía. Las risas se oyeron a mucha distancia de la estación de paso, un sonido muy poco frecuente en un mundo que se había movido.

-Amigos, compañeros y pistoleros; es la hora de partir –anunció Trax-. Nos esperan los designios del Ka, y no conviene hacerlos esperar.

 

 

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~ por Sir Worth en 30 septiembre, 2008.

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