SIETE: UN TRAGO AGRIDULCE

 

SIETE: UN TRAGO AGRIDULCE

 

Sudorosa, excitada y nerviosa; así se sentía Elena. De nuevo, el largo y oscuro patio. Y el retal de gasa roja acariciando su piel, ávida de tan agradable contacto. No le cabía lugar a dudas; estaba otra vez metida en el sueño de la noche anterior. O en una variante del mismo. Pero ser consciente de estar viviendo una situación irreal no la tranquilizó en absoluto.

Echó a andar con determinación; sabía hacia dónde dirigirse y qué podía encontrar. Sus zancadas fueron tomando mayor amplitud a cada paso, y al poco había pasado de caminar lentamente a correr como si su vida dependiera de ello.

Por segunda ocasión, distinguió aquel intenso olor en el aire.  A diferencia de su primera incursión por tan extraño mundo, pudo identificarlo: era azufre. Lo recordaba de cuando era una niña, y su abuela lo usaba para evitar que los perros measen en las esquinas del viejo caserío de la familia. Pero no veía delante ningún perro; difícil discernir nada entre las sombras de la oscuridad.

El fogonazo, aún estando previsto, deslumbró a Elena con más fuerza que la otra vez. Cuando pudo acostumbrar sus ojos a la claridad, buscó los tres árboles. Mas sólo encontró dos; del que representaba a Caplasa no quedaba ni rastro. Ni unas meras astillas en el suelo, o el agujero de donde brotaba de la tierra. Ni una miserable huella. Como si nunca hubiese existido.

Nuevamente, Koldo hizo acto de presencia con el tiesto en las manos. La pequeña planta había crecido un poco; no mucho, pero lo justo para darse cuenta de la diferencia. Con mimo  y detalle, lo colocó a sus pies.

-Nuestra pequeña creación se ha fortalecido un poco –explicó mientras se erguía, para mirar a Elena fijamente a los ojos, lo que la produjo una mayor excitación-. No es suficiente, pero es un comienzo esperanzador. Ahora le llega algo más de luz, pero precisa una cantidad mayor.

-Esto no puede ser real –Elena seguía la escena con los párpados abiertos de par en par, hablando mecánicamente-. Esto no está pasando.

-No como tú lo ves, pero sí está sucediendo –Koldo se pasó la lengua por los labios, dejándolos brillantes y relucientes, alimentando el deseo de Elena de ser besada de nuevo por ellos.

-¿Cómo puede ser tal cosa? ¿Por qué te veo en mis sueños?

-Ya te comenté que tenía mis propios métodos; te pedí confianza ciega, la cual me concediste. Y ahora no queda más que recolectar los frutos a medida que vamos sembrando.

Dicho esto, sacó de la nada una garrafa de plástico verde, con la palabra “exfoliante” impresa en letras amarillas en sus costados. Sacó el tapón desenroscándolo parsimoniosamente, y empezó a verter el contenido por las raíces del árbol con las mangueras de Manresina.

-Unas gotitas de este producto, y este tronco malo perderá todas sus perniciosas hojas tubulares –señaló con un tono siniestro entre paso y paso.

-No surtirá efecto –Elena se mostró desafiante-. El exfoliante actúa al entrar en contacto con las hojas, que es por donde la planta, o el árbol, absorbe el veneno. Tirárselo en las raíces le producirá unas leves cosquillas.

-Mira, preciosa –Koldo se deshizo del envase y se quedó callado unos segundos, los que tardó en dejar de dar botes contra el suelo la garrafa vacía, dando golpes sordos-. Éste será tu sueño, y puede que en la vida real sea como tú dices. No te dejes llevar por tu experiencia de mujer que se ha criado en un caserío, entre boñigas de vaca y lechugas. Aquí el que manda soy yo, las normas que gobiernan lo que ves son las mías, y todo se produce como yo deseo.

-Koldo, no me gusta esto. No me gusta nada prosperar a cuenta de sabotajes desleales contra la competencia.

-¿Quién ha hablado de sabotajes? Que yo sepa, Caplasa ha sido pasto de las llamas originadas por un rayo. ¿Quién puede pensar que puedes controlar el aparato eléctrico de una tormenta? Yo te lo diré: nadie. Y estoy seguro de que no me has visto quemar su árbol.

-No, pero…

Elena no pudo continuar su frase. De nuevo se halló inesperadamente en brazos de Koldo, quien la besó con pasión y frenesí; Elena se deleitó en la explosión de sensaciones despertadas en su organismo y se dejó llevar. Pero esta vez él no se limitó a besarla y sujetarla; sus manos se deslizaron con destreza sobre sus pechos, rozándolos primero para después masajearlos con más y más fuerza, haciéndola chillar de placer.

-Aquí hago lo que quiero –le oyó decir a Koldo justo antes de despertarse. Volvía a estar bañada de sudor… y de una mayor cantidad de efluvios vaginales. Una oleada de bienestar la recorrió de arriba abajo, recordándole aquella noche tan lejana de su adolescencia en la que perdió la virginidad en el mugriento asiento trasero de un desvencijado Citroen Palas. Sin pensarlo siquiera, desconectó la alarma del despertador, haciendo desaparecer el puntito rojo situado a la izquierda de la lectura digital “7:02 AM”, y quitó las sábanas enrollándolas sobre sí mismas. Otra colada para la tarde…

No pudo esperar a tomarse su café, ni siquiera a echar la tan deseada primera meada matinal. Se fue directa hacia la tele y la encendió. En China, continuaban con la búsqueda de supervivientes del terremoto, así como con la extracción de cadáveres bajo los cascotes y escombros. El presidente del Real Madrid desmentía el fichaje de una estrella de algún equipo extranjero, el mismo anunciado el día anterior por el propio directivo del club blanco como cosa hecha. Apareció la sintonía que daba paso a los titulares; la siguiente vuelta repitiendo las mismas noticias volvía a comenzar. Y allí estaba la locutora, cuya voz en off ponía sonido a unas imágenes en las que aguas turbulentas y marrones se arremolinaban con violencia a la luz de los focos.

-La crecida en los niveles del río Ebro a su paso por La Rioja, esperada tras las intensas lluvias que están cayendo sin tregua desde la madrugada de ayer en el norte de la península, ha superado con creces las mayores previsiones anegando multitud de campos de cultivo, cortando carreteras, arrastrando vehículos y dejando a personas aisladas en sus casas. El personal de Protección Civil ha efectuado más de cien salidas esta noche, para auxiliar a aquellos que habían quedado atrapados en sus hogares al ver cómo sus portales y sus viviendas eran engullidos por un cauce incontrolable.

>>La peor parte se la ha llevado una nave industrial, donde la empresa Manresina, importante distribuidora de mangueras y productos derivados del plástico, tenía sus instalaciones. El edificio entero, construido a escasos metros del cauce del Ebro, se ha desplomado sobre sí mismo al llevarse la corriente por delante buena parte del terreno sobre el que se alzaba Manresina, quedándose sin el apoyo necesario para sostener la estructura.

La voz enmudeció y la pantalla quedó oscura al presionar el botón pertinente del mando a distancia. Elena no necesitaba ver cómo miles de mangueras flotaban en las aguas del Ebro, bailando a merced de los caprichos de la corriente; tampoco deseaba presenciar la tétrica imagen de la única pared de la fachada que aún se mantenía, a duras penas, en pie.

Suspiró, y sin más preámbulos se levantó directa al baño. Al escuchar el sonido del chorro repiqueteando en el interior de la taza empezó a tener ganas de tomarse un buen café. Doble.

 

 

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~ por Sir Worth en 10 septiembre, 2008.

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