VEINTIOCHO

VEINTIOCHO

 

La carrera de Susana a  lo largo del pasillo se produce con menos zarandeos que sus últimos recorridos; es como si el repentino susto al oír el trueno brotado de la garganta de Jon hubiese disipado el etílico velo que la ha estado confundiendo en los instantes posteriores a la cena. Mas éste no se ha retirado por completo, y casi tropieza con la estantería esquinera colgada al fondo del pasillo, justo junto a la puerta del baño.

-¿Estás bien, Jon?

-Sí, tranquila; no me ha pasado nada –responde, abriendo la puerta de forma que su majestuosa figura vuelve a ser visible para Susana, con la camisa colocada a medio abotonar-. Pero creo que la camisa no puede decir lo mismo…

-¿No te vale?

-No sólo eso –Jon se gira mientras habla, para que Susana pueda ver la enorme raja vertical que se ha abierto en medio de la espalda-. Más que justa, más bien me queda pequeña; me ha costado un poco meter el segundo brazo por su manga, y en cuanto he doblado los dos hacia delante para atar los botones… ya ves el resultado. Lo siento muchísimo.

-Bah, no te preocupes; Carlos tiene varias iguales como ésta. Y además, no se las pone casi nunca; de hecho, te iba a decir que te la podías quedar si te entraba bien. Así que no le des mayor importancia.

-No, en serio, me siento fatal; ya se la pagaré a Carlos.

-¡Ni se te ocurra! –Grita, más que habla, Susana, mientras echa andar de nuevo hacia su cuarto-. Espera, voy a ver si encuentro algo más grande.

Y tanto que más grande, piensa Susana para sí; Carlos es un verdadero mastodonte, y alguna vez en que ella le ha cogido alguna camiseta para estar por casa le queda como un enorme vestido de premamá. Pero Jon no sólo es bastante más alto, sino que le supera aún en corpulencia. Y vaya cuerpo el suyo, sí señor…

Cuando vuelve al baño, Jon aguarda sosteniendo la camisa perfectamente plegada en una de sus manazas; a pesar del atroz siete sufrido en su tela, Jon se ha tomado la molestia de dejarla doblada con el mismo arte que una eficaz empleada de una tienda de moda, hecho que Susana observa con muy buenos ojos.

-Toma; es un poco basto para tu estilo, pero es lo que mejor te puede valer del armario de Carlos –dice, tendiéndole una enorme sudadera gris, con el clásico corte de choto y cremallera frontal-. Si con esta no acierto, tendrás que irte de aquí envuelto en una sábana, como un fantasma.

-Bueno, bueno; déjame ver… ¡mira, me entra perfecta! Un poco corta de manga, eso sí; pero por lo demás, como anillo al dedo –Jon procede a flexionar su torso y brazos en diversas posturas para comprobar la correcta adaptación de la prenda a su apabullante físico.

-Me alegro, Tarzán; y ahora, si no te importa, ¿puedes dejarme el baño libre, para que yo también me pueda asear? Tengo el culo totalmente calado, y la sensación es muy, pero que muy asquerosa.

Por toda respuesta, Jon da un paso lateral que despeja la entrada y, con un gentil gesto sacado de alguna película ambientada en el medioevo, le cede a Susana su puesto.

-Voy de nuevo a la sala, si te parece bien –añade él, mientras camina por el pasillo-. Iré preparando la siguiente ronda de cubatas.

Anuncios

~ por Sir Worth en 26 junio, 2008.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: