VEINTITRES

VEINTITRES

 

La botella de whisky reposa, vacía, sobre el cristal de la mesita del salón. La cubitera ya no contiene hielo alguno, tan sólo una capa líquida de un par de centímetros de espesor producto de la descongelación de los cubitos que no han sido consumidos en las últimas horas.

Por ello, la escogida por la manaza de Jon en este viaje es, irremediablemente, la de ron. Prefiere el whisky, pero tampoco le hace ascos. Rellena el vaso de Susana hasta alcanzar una tercera parte de su altura, para después hacer lo propio con el suyo. Susana intenta colaborar abriendo la penúltima lata de Coca Cola, pero no cuenta con la sensible merma en su sistema locomotor, producto de la elevada tasa de alcohol en su organismo. La lata resbala de la palma de su mano en el mismo instante en el que comienza a levantar la lengüeta, por lo que cae aparatosamente sobre el suelo de tarima. Y todos sabemos qué es lo que ocurre cuando una bebida gaseosa se abre nada más agitarla…

-¡Mierda! –Clama Jon, quien se ve directamente afectado por el espumoso chorro expelido a presión por la abertura de la lata.

-¡Ah, qué gracioso! –Ríe Susana, pronunciando “gue graciossssso”, mientras Jon ataja el chorro con uno de sus inmensos dedos.

-Pues a mí no me lo parece tanto, me he puesto perdido –contesta, vaciando el contenido restante de forma ecuánime entre los dos vasos, mientras que con la otra mano separa la empapada y pegajosa camisa de su torso.

-Vamos, hombre, no te pongas así –añade ella, sin poder parar de reír-. Ha sido un accidente, no lo he hecho aposta.

-Ya, supongo; pero el damnificado he sido yo. ¡Joder!

Con un esfuerzo supremo por impedir que las carcajadas que le retuercen el estómago salgan al exterior, Susana se levanta a duras penas del sofá. Pero su precario equilibrio se alía con un piso mojado y resbaladizo, proporcionándole un resbalón con un drástico fin para su culo, dando de lleno con él contra el suelo.

Los papeles cambian, y ahora es Jon quien se prodiga en risotadas mientras Susana eleva al cielo una memorable selección de maldiciones que dejarían callado al más rudo camionero. Con lágrimas cayendo de sus ojos entrecerrados, Jon ayuda a Susana a incorporarse, no sin sufrir ambos un amago de nueva caída, tras el cual sendos discípulos de Baco se dejan llevar por una ola de risas ingobernables.

-Mira que somos tontos –consigue decir Susana, secándose el incipiente lagrimeo que el buen humor le ha provocado.

-Ya ves, tal para cual. Habrá que secar todo esto antes de que volvamos a patinar.

-Sí, claro; déjalo de mi cuenta –la respuesta de Susana es emitida por un cuerpo que se desplaza tambaleante por el pasillo, rumbo a la cocina, con un claro objetivo: el rollo de papel colgado de un lateral del frigorífico.

Entre su ida y vuelta, Jon efectúa una evaluación de daños en su indumentaria. Si bien el pantalón ha sufrido unos pocos, ligeros y despreciables salpicones, su camisa está totalmente impregnada del refresco. Sus zapatos continúan presentando un aspecto pulcro, pero la suela ha pisado el charco, por lo que se despoja de ellos para eliminar los restos con un trozo de papel que le ofrece Susana. O se da prisa, o un pegajoso crepitar acompañará a cada uno de sus pasos.

Mientras Jon procede a devolver el esplendor debido a su calzado, Susana se pone de rodillas y da varias pasadas por el suelo usando una buena parte del rollo, hasta conseguir un resultado satisfactorio, lo que le lleva unos minutos.

-Bueno, no ha quedado tan mal, ¿no? –Pregunta a Jon.

-Creo que lo has dejado perfecto –contesta éste, dando los últimos retoques a su zapato izquierdo-. Ahora sólo queda solventar un pequeño detalle: mi camisa está empapada.

-Es verdad –Susana vuelve a reír mientras se pone de nuevo en pie con no poco esfuerzo-. Espera un poco, voy a buscar alguna de Carlos que te pueda valer; por lo menos habrá una en la que quepa ese cuerpazo tuyo.

-Perfecto; de mientras, si no te importa, iré al baño a limpiarme un poco. ¡Me noto totalmente pegajoso!

Así, ambos discurren por el pasillo; Jon se dirige de inmediato al baño, mientras que Susana comienza a revolver en el armario de su marido.

 

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~ por Sir Worth en 11 junio, 2008.

Una respuesta to “VEINTITRES”

  1. uy uy uy uy uy uy

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