QUINCE

QUINCE

 

A varios kilómetros del epicentro del pequeño terremoto sonoro, Susana deposita la última fuente sobre la mesa. Ante los tres comensales hay dispuesta una buena cantidad de comida, con una variedad considerable para el poco tiempo empleado por la anfitriona. Unos entrantes a base de productos de charcutería ibérica y quesos de diversas denominaciones de origen, con un brillo reluciente que invita a las manos a dar cuenta de ellos con la máxima presteza, abren el camino a unos exquisitos espaguetis “a la Susana”, condimentados con trocitos de embutido, huevo revuelto, nata montada y unas cuantas especias, acompañadas de un buen riego a base de vino blanco de Rueda. Desde debajo de la tapa que oculta el contenido del segundo plato, el inconfundible y grato aroma de costilla asada emana suave pero incesante, acariciando con maldad las pituitarias de tan variopinto trío. El postre, guardado en la nevera, es un secreto que sólo será revelado en el instante mismo de su puesta en escena, siempre que lo ingerido con anterioridad haya dejado algo de hueco; quizás la botella de reserva de Ramón Bilbao del noventa y nueve colabore en dicha causa.

En un principio, Pili y Jon se han ofrecido para contribuir con mano de obra en el menú, pero Susana se ha negado en redondo; en su casa, los invitados están relegados al papel de degustadores, y como mucho les permitirá ayudar a recoger los platos.

Mientras ha ido preparando y elaborando con mimo cada uno de los manjares, sin descuidar el más mínimo detalle de presentación, Susana ha captado pequeños retazos de la conversación entre ambos a través del pasillo. Su sonrisa no ha tenido espectadores, y una pequeña chispa de alegría se ha encendido en su interior al ritmo del batir de huevos. Parece que los chicos han congeniado de maravilla, y la historia promete.

Mas al acercarse a la mesa para dar inicio a la cena, Susana ha de reprimir su pícara mueca para que los dos tortolitos no la perciban, fingiendo el desconocimiento de los asuntos tratados en la intimidad del sofá.

-Bueno, chicos –anuncia la cocinera-, ¡sin miedo!

-Mmm, ¡qué pinta más buena tiene todo! –Jon no se anda con chiquitas, y se sirve una buena ración de jamón-. ¿Queréis vino?

-Si me echas… -la frase de Pili queda suspendida en el aire, al tiempo que acerca su copa hacia Jon. Hasta un sordo captaría el matiz de coquetería flotando en el ambiente.

-No faltaba más… ¿y tú, Susana?

-No, gracias, beberé agua –replica la voluntaria celestina, echando mano de la jarra en la que el cristalino líquido reposa fresco y transparente.

-Vamos, mujer, anímate –Pili ha tomado partido a favor de la causa de Jon; al parecer de Susana, será la tónica general de aquí en adelante-. Sólo un vaso, para brindar por esta celebración tan especial y espontánea.

-Haznos caso, Susana –Jon acude en apoyo de Pili, cual séptimo de caballería, llenando la copa de vino, sin que la propia Susana sea capaz de impedirlo-; aunque sea, hazlo por nosotros.

-Está bien; ya veo que hoy es imposible negaros nada. A ver, pasadme platos para ir sirviendo la pasta.

Pili coge el suyo, pero interrumpe el movimiento de su brazo al oír una llamada en su móvil. Pidiendo disculpas, llega hasta su bolso en una pequeña carrera. Mientras hurga en su interior, hace señas a Jon y Susana para que empiecen a comer.

-¡Joder con el puto teléfono! –Pili gruñe en el momento exacto en el que el pequeño aparato llega a la palma de su mano-. Susi, es mi madre; ¿te importa si me meto un minuto en tu cuarto para hablar con ella sin molestaros?

-Esa pregunta sobra, Pili –el brazo de Susana se extiende, invitándola a retirarse al lugar que la plazca. Justo antes de cerrar la puerta, escuchan la voz de Pili saludando a su madre.

-Espero que no haya pasado nada; no es normal que su madre la llame a estas horas –Susana muestra una cierta preocupación en su rostro.

-Seguro que no, mujer –añade Jon-. ¿La esperamos para empezar a cenar?

-No, que se enfría; tú empieza a comer.

Ambos se ponen a ello, y en pocos segundos Susana puede comprobar que existe alguien capaz de comer aún más que Carlos.

 

 

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~ por Sir Worth en 28 mayo, 2008.

2 comentarios to “QUINCE”

  1. De nuevo entre letras, que es donde mejor te mueves. Seguimos a la escucha.

  2. No te creas; hay varios sitios en los que me muevo muuuuuuuucho mejor…

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