16.- RECAPACITANDO SOBRE LO ACAECIDO

 

-¡Vamos, rápido! ¡Salgamos de aquí! –ordenó Juan, apretando el mando para accionar el elevador de su ventanilla.

-Ok –fue la respuesta de Tomás, apretando demasiado el pedal del acelerador.

Como consecuencia de la salida tan precipitada, las ruedas patinaron sobre la nieve y el coche comenzó a virar de un modo peligroso; mas Tomás era un excelente conductor, y con un volantazo justo consiguió enderezar de nuevo el morro, lanzándose a tumba abierta camino abajo. Ambos permanecieron un rato sin hablar; Tomás concentrado en el camino, y Juan respirando con frenesí.

-¡Maldito poli hijo de puta! –Juan estaba fuera de sí-. ¡Ha tenido que aparecer en el peor momento! ¡Ahora perderemos el rastro del camionero!

-Jefe, ¿me permite hacerle una observación? –Tomás adoptó un tono sereno; sabía perfectamente que cuando Juan estallaba no había que contribuir a alterarlo aún más. Podía llegar a ser muy peligroso.

-Habla, pero no pares.

-Estamos en una zona aislada; posiblemente, tan sólo la vieja se halla enterado de que le ha… le hemos matado. No tiene teléfono, nos lo ha dicho claramente; por tanto, no puede avisar a nadie. Y no creo que pase ningún otro coche ni vecinos, ni familiares que le vayan a visitar.

-Sigue –Juan se estaba secando el sudor de la frente con un pañuelo de seda perfumado; ser un criminal no estaba reñido con su metrosexualidad.

-Pues eso; volvemos, nos cargamos a la vieja para que no pueda  dar nuestra descripción, los metemos a los dos en el Patrol, lo despeñamos por alguna ladera y volvemos a buscar al camionero. No puede estar mucho más allá.

-Me gusta tu idea; recuérdame que te suba el sueldo.

-Sí, jefe; desde luego que lo haré…

-¡Pero no seas idiota! ¡Da la vuelta ya! 

-Ahora el camino no es lo suficiente ancho para maniobrar, y el firme no está como para avanzar marcha atrás. Estamos cerca de la salida de la nacional; es mejor salir y dar allí la vuelta. No perderemos demasiado tiempo.

Sin acelerar más, Tomás llevó el todo terreno hasta la salida. Sin tocar el freno, redujo violentamente las marchas para aminorar la velocidad, llegando al tramo asfaltado con el impulso justo para no volcar al tirar con energía del freno de mano, ejecutando un trompo espectacular. Sin nieve y con buen agarre, la maniobra carecía del peligro que hubiese tenido tan solo unos metros más atrás.

-¡Vamos! ¡Vuelve al camino! –Juan estaba fuera de sí-. ¡Rápido!

Tomás recorrió por tercera vez aquel tramo que ya empezaba a conocer en la mayoría de sus trozos, por lo que se permitió correr más en gran parte del recorrido, llegando en apenas quince minutos hasta el caserío.

Ambos saltaron del coche según Tomás lo paró junto al Patrol, mas la sorpresa se tornó en ira al cerciorarse de que estaba vacío.

-¡Mierda! ¿Y ahora qué? –Juan nervioso y con una pistola en la mano no era demasiado tranquilizador.

-Mire, jefe; aquí, en el suelo, hay una mancha de sangre, con un pequeño reguero que apunta hacia la casa, aunque acaba a un par de metros de aquí. Imagino que la anciana habrá salido al escuchar los disparos, lo ha visto, lo ha sacado y lo ha llevado dentro para intentar ayudarle, aunque si no estaba muerto ya poco le faltaría.

-Voy a por ella; tú quédate aquí, por si aparece alguien. Si ves a cualquiera acercándose, avísame.

Juan echó a correr hacia la casa, aporreando con fuerza la puerta. Ni él ni Tomás apreciaron el bulto que se arrastraba tras la hilera amontonada de nieve formada en paralelo al acceso al caserío, nieve retirada a paladas para despejar el trecho de la puerta al camino.

Josu avanzaba lo más pegado que podía al suelo. Irónicamente, recordó sus lejanos tiempos en la mili, pensando que finalmente no había sido una pérdida de tiempo del todo. En cuanto vio que uno corría hacia la puerta, echó cuerpo a tierra con la esperanza de sorprender a uno, y después ya vería cómo pillar al otro. Lo que tenía muy claro era que esos dos no llevaban demasiadas buenas intenciones, y si no intervenía acabarían con Miren. Eso si no le descubrían a él también.

Colocado detrás del Patrol, avistó a Miren abriendo la puerta al primer tipo, quien no dudó en encañonarla al momento, obligándola a retroceder a empujones hacia el interior. En cuanto ambos desaparecieron tras los muros de piedra, decidió que era la ocasión propicia para actuar.

 

 

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~ por Sir Worth en 2 abril, 2008.

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