EL JUEGO DE LAS FRASES – MARZO

Bueno, al igual que el mes pasado, voy a colgar los relatos referentes a las frases colgadas en el foro para este mes. Confío en que los lectores adictos de este blog se contenten, ya que ayer no escribí nada en casita. A ver si os gustan…
 
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– No deberíais jugar a eso, alguno acabara llorando (Reservoir Dogs – película)

 

La noche cerrada apenas dejaba ver nada, con la inestimable colaboración involuntaria de las farolas rotas del callejón. Al fondo del mismo, junto a tres rebosantes contenedores de basura, dos jóvenes permanecían recostados contra la fría pared, ajenos por completo al mal olor despedido por las bolsas de basura de los contenedores.

 

El motivo de su absorta condición era claro; la cuchara calentada con un mechero no dejaba lugar a dudas, así como tampoco el espumeante líquido blancuzco que ocupaba su concavidad. Mientras uno de los jóvenes llevaba a cabo tal actividad, el otro estaba ya dispuesto, con un brazo arremangado en el que un condón usado hacía las veces de torniquete, haciendo a sus venas delatar su posición.

 

-No deberíais jugar a eso; alguno acabará llorando –dijo una voz sorda a escasos metros.

 

Pero por mucho que miraron, entre sorprendidos y azorados, no consiguieron distinguir a persona alguna.

 

-¿Quién anda ahí? ¡Muéstrate, cobarde! –exhortó John, el más mayor de los dos.

-Como quieras –respondió la voz-. En definitiva, la vida no es más que una broma…

 

Una negra figura avanzó entre las sombras, pero apenas su contorno se comenzó a resaltar en el aire, cualquier osadía por parte de los yonkis se esfumó como el contenido de una de sus pipas de crack.

 

Minutos después, una patrulla de la policía se personó en el lugar, alertados por la denuncia de una insomne señora quejándose de unos horribles gritos en la trasera de su casa. Sólo pudieron escribir una línea en su libreta de notas:

 

“hay sangre por doquier, pero nada más”.

Dije que la vida era una broma, no que la broma tuviera gracia (Watchmen – cómic)

 

-¡Despierta! –dijo la voz, acompañando su sonido con una fuerte bofetada.

-¡Ah! ¡Maldito hijo de perra! –exclamó John, con muy mal humor. No recordaba qué había pasado, pero el dolor le hizo reaccionar de la única forma que sabía-. ¿Dónde estoy? ¿Por qué me has atado? ¡Suéltame, cabrón!

-Tranquilízate, chaval; no te canses a lo tonto. Es mejor que guardes tus energías…

-¿Y Paul? ¿Dónde está Paul? –el tono de John había pasado de rabioso a cargado de angustia.

-Ah, tu amigo,… Digamos que Paul no aguantó mi… mordisco –contestó la voz entre fuertes risas.

-¿Cómo? ¿Mordisco? ¿Qué clase de perturbado eres? ¿Un puto caníbal?

-No; por así decirlo, soy el siguiente peldaño en la cadena alimenticia. ¿Te suena la historia de Drácula?

-¿Me estás tomando el pelo? –John no sabía si ceder a la incredulidad, o si desmoronarse moralmente.

-No; os dije que la vida era una broma, pero no que la broma tuviera gracia.

-¿Y qué es lo que quieres de mí? ¿Por qué nos has hecho esto a Paul y a mí?

-Eso te lo explicaré mañana; ahora, permíteme darte otro sorbo. Tu sangre es tan dulce…

Cuando te conviertes en un monstruo, te ahorras el dolor de ser humano. (Miedo y asco en Las Vegas – película)

El sonido de unas pisadas en su habitación sacó a John del pozo de la inconsciencia. Intentó abrir los ojos, pero los párpados parecían pesar una tonelada. Intentó incorporarse, pero le dolía todo el cuerpo, y lo más que consiguió fue a levantar la cabeza ligeramente.

 

-¿Quién es? –preguntó al aire que notaba moverse en torno a su rostro.

-Soy yo –contestó la voz-. He venido otra vez a ti…

-¿Pero por qué? ¡Déjame tranquilo!

-No puedo; te necesito para mi plan. Además –la voz se tomó un segundo para aclararse la garganta-, ayer te prometí explicarte el por qué de tu situación. Como has podido comprobar, soy un vampiro. Me alimento de la sangre humana desde hace un par de siglos, lo que me permite conservar la inmortalidad.

-Un momento; hay algo que no entiendo –interrumpió John-. Sabiendo que somos drogadictos, ¿por qué tomar nuestra sangre infectada?

-Digamos que me he cansado de este juego. Cuando te conviertes en un monstruo, te ahorras el dolor de ser humano. A priori, puede parecer fantástico, pero es una faceta que, si eres privado de ella, te impide disfrutar de la vida al cien por cien. La felicidad completa sólo se alcanza cuando superas la contrariedad, y hace tiempo que encuentro mi vida carente de sentido. Por ello, decidí decantarme por el consumo de la sangre infectada, para volver a experimentar, aunque sea nimiamente, el dolor en mi propia carne.

-Estás loco…

-Puede ser; pero es una opción que puedo permitirme tomar. Si ahora me permites, tomaré mi ración de hoy…

 


Yo dormiré tranquilo, porque sé que mi peor enemigo vela por mí (El Bueno, el Feo y el Malo – película)

 

John permanecía tumbado en el suelo de su celda. Hacía varios días que sus muñecas se habían visto despojadas de sus grilletes, ahora del todo innecesarios. Era tal su debilidad, que si le hubiesen plantado delante de los ojos un billete de los gordos no hubiese podido cogerlo. Sus pantalones rezumaban un pestilente jugo, producto de la mezcla de heces y orina en el interior de las perneras.

 

Una vez más, se abrió la puerta. John giró ligeramente su ojo izquierdo, el único que aún tenía visión y movilidad, apuntando hacia la tenue claridad.

 

-Hola, John; he vuelto.

-Ya me he dado cuenta, ya. ¿Por qué no acabas conmigo de una vez por todas?

-No; me interesa tenerte con vida. Quiero tenerte siempre a mano; nunca se sabe cuándo volveré a tener ganas de experimentar el dolor que ahora recorre mis entrañas inmortales.

-Ojalá te pudras en el infierno, maldito bicho…

-No lo creo; yo dormiré tranquilo cada día, porque sé que mi peor enemigo vela por mí.

-¿Tu peor enemigo? ¿Y quién es, si se puede saber?

-El peor enemigo de cualquier hombre es uno mismo. Fíjate en ti; por mucho que me maldigas, el único responsable de tu situación eres tú. No has de maldecir el día que irrumpí en tu vida, sino el momento en que elegiste meterte toda esa mierda por tus venas. Y ahora, permíteme morder tu cuello.

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~ por Sir Worth en 5 marzo, 2008.

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