CAPÍTULO DOCE

 

Serbi llevaba un buen rato levantada, y le extrañaba que hubiese pasado tanto tiempo sin haber visto aún a Doyk. En su cama no estaba, de eso podía dar fe; había mirado tanto allí como en el resto de la casa, por dentro y por fuera. Ni rastro de él.

Confiando en que volvería, como muy tarde, para la hora de comer, se decidió a preparar el mejor banquete posible, aunque era muy consciente de la escasez de su despensa. Aún así, era tanta la confianza inspirada por Doyk, tan amable para con ella, que creía lo menos que podía hacer por él.

Justo cuando el agua del puchero entró en ebullición, Doyk hizo acto de presencia en la cocina. Serbi quedó un tanto impresionada al verle aparecer sin camisa, con el pecho resplandeciente de sudor, y consiguiendo apartar un primer pensamiento lujurioso le preguntó qué le ocurría.

-Bueno, podría decir que nada y todo a partes iguales –respondió el joven.

-¿Crees que ésa es una respuesta? –inquirió Serbi con una mirada de incertidumbre.

-Tienes razón, mujer, pero antes déjame echar un trago de agua –dicho esto, Doyk agarró la jarra y vació la mitad de su contenido de un solo golpe-. La verdad es que estoy a punto de cumplir una promesa.

-¿Una promesa? Si te he de ser sincera, me dejas perpleja. Eres toda una fuente de sorpresas; ¿a quién de este pueblo has hecho una promesa, si se puede saber?

-Bueno, fue una promesa que hice hace tiempo, mucho tiempo. Pero por fin estoy en disposición de cumplirla, hermanita…

Al oír estas palabras, el rostro de Serbi cambió totalmente de expresión. No podía dar crédito a sus oídos; hacía tantos años que nadie la llamaba así. Solamente…

-¡Dyrk! ¡Eres tú! –gritó, abrazando con toda su alma a Dyrk, quien le devolvió el abrazo con ternura-. ¡Pensaba que esos desalmados te habían matado a ti también!

-Ya ves que no, Serbi; aquí estoy –dijo Dyrk, secando las lágrimas recién aparecidas bajo los ojos de la muchacha con una de sus manos-. Ya no tienes motivos para vivir asustada; he vuelto para protegerte, como te dije que haría.

-¡Oh, Dyrk! ¡No me lo puedo creer! ¡Hermanito!

-Bueno, Serbi, tranquilízate un poco –la voz de Dyrk era apenas un susurro, pero su tono serenó a su querida amiga-. Vamos; quiero enseñarte algo.

-¿El qué? ¿A dónde hemos de ir?

-Tan curiosa como siempre –contestó Dyrk, dándole un beso en la frente-. Vamos a la cantina.

Anuncios

~ por Sir Worth en 28 febrero, 2008.

11 comentarios to “CAPÍTULO DOCE”

  1. He de decir que he quedado sorprendida. Yo no lo ví venir, al igual que confesó ayer James.
     
    Buen trabajo.

  2. Sacando el barriobajero que llevo dentro y que me acompaña desde mi niñez: ¿¿En el capítulo nueve Dyrk quería tirarse a su hermana??. ¡¡ Eres un hombre enfermo !! Y yo te admiro. ¿Me convierte eso en doblemente enfermo? 😉

  3. Que no hombre!! que es todo un caballero y la rechaza….luego ya lo que pase por su retorcida cabeza…
     
    jeje…no sé quién está más enfermo de los dos…

  4. Amiga Cris, por supuesto que soy un hombre enfermo. De ahí las paredes acolchadas de mi habitación, y esta camisa  blanca con la que me abrazo yo mismo. 😉

  5. Jaja, que no son hermanos; para refrescaros un poco la memoria, os cito un párrafo del segundo capítulo:
     

    "En la mesa, ambos matrimonios se sonrieron con las ocurrencias de los niños, los “hermanitos” como tenían a bien llamarse. Y es que su afecto era como el de dos hermanos, pese a ser hijos de dueños y criados, de estratos sociales opuestos. Pero dentro de esos muros, las consideraciones sociales no tenían nada que ver con lo acostumbrado fuera de ellos, y ambos disfrutaban de la mutua compañía como si de verdaderos hermanos se tratase".
     
    Espero que esto haya aclarado vuestras dudas; que soy un perturbado, pero hay límites…

  6. O.K. Sir, tienes razón, tío. Disculpa por insinuar que eres un guarro. ¡ Tío guarro¡

  7. No, si tampoco lo he negado. Vamos, digo yo…
     
    Pero que conste que en esta historia no. Por lo menos, por ahora…

  8. Ups, pos no me acordaba de eso…Creo que tengo que retomar la historia desde cero para aclarar mis ideas…

  9. No te creas, por un momento hasta he dudado de que sólo lo hubiese escrito en mi cabeza, cosa perfectamente plausible con mi caos mental…

  10. jajaja, James, mal pensado, na mas que pensando en el incesto, XDDDD.
     
    Esto se pone superinteresante, que guay el relato Sir.  😉

  11. Ya habrá ocasión de recreo para mentes ardorosas, tranquilos…
     
    Nos acercamos a la traca final!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: