CAPÍTULO DIEZ

 

Dyrkron, el pequeño Dyrk, consiguió llegar a una aldea tras varios días de fatigosa marcha. Apenas pudo encontrar fuentes a lo largo del camino, por lo que el estado en el que fue encontrado por el viejo Andykron era, siendo benévolo, penoso.

El anciano cuidó de Dyrk durante varios días, hasta que su salud volvió a resplandecer en su joven cuerpo, ya rebosante de energía. Fue entonces cuando, con la confianza del niño ganada, Andykron le preguntó por su procedencia. En medio de sollozos desoladores, Dyrk le narró los terribles sucesos acaecidos en Milton, y en cómo había conseguido huir aprovechando un despiste de sus captores. Lamentablemente, justo se dieron cuenta de su audacia en ese instante, y tuvo que echar a correr abandonando a la pobre Serbi a su suerte. Andykron captó cierto complejo de culpa en sus palabras; el chaval se creía responsable de no haber podido llevarse a su amiga.

Confidencia por confidencia, Andykron le explicó sus días de juventud, en los que llegó a ser un reputado guerrero, mil veces condecorado y millones de ocasiones laureado por compañeros y compatriotas. Y se ofreció para entrenarle en el arte de la lucha.

Pronto descubrió Andykron que Dyrk poseía un talento natural en el manejo de las armas. Día tras día, fue superando las exigentes impuestas por el viejo maestro, llegando a convertirse en un guerrero total. Daba igual que estuviera armado o no; era un arma viviente, tan peligroso, o más, como todo un regimiento.

Llegó el día en que, finalmente, el propio destino le puso a prueba. Mientras se hallaban charlando a la sombra del porche de la casa de Andykron aparecieron cuatro jinetes de siniestra aparencia; sobre todo, porque traían sus rostros enmascarados por pañuelos que ocultaban sus facciones. Ladrones con la intención de apropiarse de cuanto hubiese de valor en aquella aldea, y el de Andykron era el primer hogar encontrado en su camino.

Pero algo escamó desde un principio a los asaltantes; tanto el viejo como el joven no dieron muestras de estar asustados. Todo lo contrario, sus cuerpos laxos daban a entender lo tranquilos y seguros que se sentían. Lo que no gustó nada al rufián líder de la banda, quien emprendió a insultarles a gritos, prometiendo crueles sufrimientos si no obedecían sus órdenes de inmediato.

-Inténtalo, si quieres morir rápido –pronunció Dyrk por toda respuesta, echando a la vez mano a su imponente espada.

El combate no tardó en llevarse a cabo; la sencilla provocación por parte de Dyrk hizo lanzarse al bandido como un elefante enloquecido hacia su burlesco enemigo. Mas no duró mucho la lucha; con unos breves toques de espada, Dyrk consiguió desarmarle y decapitarle. El brillo de sus ojos asustó hasta al mismo Andykron, espantado por la locura desatada que había atisbado en ellos. El resto de integrantes de la banda salieron en estampida; tenían bastante apego a sus cabezas como para perderlas en segundos.

Tras recibir su bendición, Dyrk se despidió del anciano con la intención de iniciar un periplo de varios años. Su objetivo no era otro que el de ganar en experiencia. Con la veintena apenas cumplida, aún debía ver muchas cosas antes de volver a Milton. Quería regresar a su antiguo hogar con la completa seguridad de dar su merecido a todos aquellos mal nacidos.

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~ por Sir Worth en 26 febrero, 2008.

6 comentarios to “CAPÍTULO DIEZ”

  1. ¿Cuántos capítulos decías que había? Creo que se te va a quedar corto…¡Tanto que contar y tan resumido! … Ya sé que no es tu novela, pero a mi me dejas con ganas de leer más en cada capítulo…

  2. ¡Oh, el perro que habla! (jeje). Son quince en total, pero bueno, ya iremos viendo cómo se desarrollan los acontecimientos.
     
    Espero.

  3. ¡Es que resumes demasiado! Ahora que me he puesto al día, puedes explayarte más (vale, ya sé que lo tienes todo escrito…)
    Además, el cliente (en este caso el lector) siempre tiene la razón jejeje
    Ale!! dicho queda ;p

  4. Como me dijo Valen un día: "el cliente siempre la razón, pero yo no tengo nunca la culpa"…

  5. Ummm…ya estamos quitándonos las culpas….Lo que está claro es que te pase lo que te pase, la culpa es de Valen..jejeje (lo siento Valen, te ha tocado a ti)

  6. "¡Eh, cuidado, que tengo baquetas afiladas a punta pala y buena puntería!" podría ser su contestación…

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