CAPÍTULO SEIS

 

Hacía ya tres semanas que los vientos fríos habían abandonado su azote sobre las tierras de Milton, y ni una sola gota de lluvia había caído del cielo desde entonces. La temperatura había experimentado un ascenso abrumador, y el mero hecho de ir de la casa de Jan hasta la cantina era un trabajo costoso, por el que Muyk estaba pagando un alto precio en sudor y fatiga.

-¡Maldito sea el momento en el que se me ocurrió ir a tomar un trago en este antro repleto de pulgas sarnosas! –Gritó Muyk al cruzar la puerta de la taberna-. Molk, ¡sírveme una gran jarra de cerveza para saciar mi sed!

-Tranquilo, gruñón –contestó Molk con cara de pocos amigos; no le gustaba que llamasen a su establecimiento “antro repleto de pulgas sarnosas”-. Toma tu jarra y no metas demasiado ruido.

-Mmm, ¡justo lo que necesitaba! –exclamó Muyk tras vaciar la mitad de su contenido de un solo trago.

-Me pregunto cómo te ha podido dar por venir hasta aquí, viniendo desde la otra punta del pueblo, con este calor que hace insufrible andar por la calle a estas horas. Sobre todo, con lo cómodos que parecéis estar en vuestra fresca casa –añadió Molk, apoyando a la par su corpachón sobre la barra, quedando su cara frente a los ojos de Muyk.

-¡Maldita sea! ¿Ahora tengo que darte explicaciones cada vez que quiera entrar a tomar un trago? ¡Al final va a parecer que estoy casado contigo, en vez de con mi santa esposa! –Y, dicho esto, Muyk terminó de otro sorbo el resto de la jarra-. Ponme otra, tabernero maldito, y deja de preocuparte por asuntos que no son de tu incumbencia.

-Bien, mira tú por dónde, pero creo que algo sí lo son –afirmó Molk mientras servía una segunda jarra-. Me pregunto por qué vosotros disfrutáis de verdes pastos, mientras que mis terneros no mascan más que paja seca.

-¡Sabes de sobra la respuesta, así que no me toques las pelotas! –La “y” apareció en la frente de Muyk-. Jan ya os advirtió de que os preparaseis para la sequía, incluso se ofreció para ayudaros en ello, y no quisisteis prestarle atención. ¡Así que no me vengas con gilipolleces!

-Tranquilo, amigo, cálmate –contestó Molk, suavizando ligeramente su tono de voz-. Sólo era un comentario, no hace falta que te alteres de esa manera.

-De acuerdo; si tú lo dices, me calmaré; ¡pero no me toques las pelotas, cabrón!

A media tarde, Perbena se extrañó de ver regresar a Muyk de la taberna, habiendo pasado tan poco tiempo desde que había salido de casa. Normalmente, cuando se decidía a hacer vida social con la gente del pueblo solía volver para la hora de la cena, y algunas veces hasta un pelín “cargado”. Mas entonces no traía la cara de felicidad acostumbrada, sino que parecía a punto de explotar.

-Cariño, ¿no vuelves muy pronto?

-Sí, Perbena; pero he estado pensando algo, y creo que tengo que hablar con Jan –dijo, dando un ligero beso a su mujer y dirigiéndose de la misma hacia la casa, encontrándose a Jan sentado a la sombra del porche trasero.

-¿Qué te ocurre, amigo? –Preguntó Jan, sorprendido- Pareces alterado.

-Cuando te cuente lo que ha pasado en la cantina, tú también tendrías motivos de preocupación.

 

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~ por Sir Worth en 20 febrero, 2008.

2 comentarios to “CAPÍTULO SEIS”

  1. Me he tenido que copiar los seis capítulos en word y retomar la historia desde cero… estoy perdiendo facultades y las buenas costumbres…
     
     

  2. Buf, tómatelo con calma, que no hay nada más escrito, y no sé si esta tarde tendré tiempo…

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