7.- EL MOMENTO DE LA VERDAD

Tras más de dos años de penuria, el invasor ha sido expulsado. Los primeros momentos del alzamiento fueron difíciles por la escasez de armas en nuestras filas, pero nuestros hombres estaban decididos a vencer o morir en el intento. Y lo pasamos realmente mal, estando a punto de perecer en la batalla, pero justo en el peor instante llegó el ejército de nuestros amigos del país de más allá del Gran Río.

Como nos fue explicado posteriormente, cuando fuimos invadidos no intervinieron por miedo al poderío militar del Imperio. Pero al enterarse de nuestra desesperada reacción decidieron que más merecía morir en nuestra ayuda que esperar a ser atacados cuando el Rey los considerase a tiro. Ni qué decir que su contribución fue decisiva para sacudirnos de encima el peso de la tiranía.

Con su ejército perdiendo efectivos  a patadas, el mismo Rey se personó en el principal campo de batalla para intentar redireccionar a sus tropas. No es necesario comentar que en cuanto me enteré de este sutil detalle me lancé como alma que lleva el diablo hacia su campamento, seguido de los más osados entre los osados. Abrimos una importante brecha en sus filas gracias al empuje, una vez más, de nuestros poderosos corceles de batalla, y fue mi propia espada la que seccionó de un solo tajo la cabeza de tan odioso monarca. Con su caída, sus tropas huyeron en desbandada, desgobernadas, y sólo unos pocos de los miles de integrantes de su ejército consiguieron retornar a su país con vida.

El consejo de ancianos fue restablecido en sus funciones, y la normalidad se empezó a recuperar paulatinamente, con los corazones rebosantes de alegría.

Debido a todos mis logros, conocidos por doquier, quisieron rendirme grandes homenajes y concederme un cargo excelso en sus atribuciones y retribuciones; honores que rechacé, puesto que considero que lo único que hice fue lo que debía. Mi destreza con las armas, mi experiencia en la guerra, mi coraje y mi fuerza de poco hubiesen valido oculto en lo más profundo de las simas, o aceptando con cabeza baja y resignación un vasallaje que no tenía razón de ser.

Mi abuelo, un afamado hombre de armas en su tiempo, me dijo una vez siendo niño: “mayor o menor, más o menos dotado, un hombre sólo será un hombre cuando haga lo que sepa que ha de hacer. He ahí donde los verdaderos hombres se muestran a los demás”. Y es que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Ahora disfruto de esta paz recorriendo con calma y sosiego los valles, comprobando las labores de reconstrucción de las distintas aldeas y ayudando en aquello en lo que puedo echar una mano. Gozo con la compañía de las gentes alegres, escuchando sus historias y aprendiendo siempre algo nuevo.

Pero nunca permanezco demasiado tiempo en el mismo sitio; no pertenezco a ningún enclave en concreto, sino a todos a la vez. Es por ello que sigo errando por los bosques y caminos, por los montes y por los ríos, recibiendo honrosos saludos que devuelvo con todo el gozo que mi corazón puede albergar.

Ésta es la historia de mi vida; con el tiempo, cuando mi muerte haya quedado muy atrás en los siglos, supongo que se reducirá a un mito, una leyenda, un cuento para entretener a los niños. Pero hoy mi fama me precede, y cuando alguien me reconoce en los caminos no duda en proclamar al resto de sus compañeros: “¡mirad! ¡He ahí al gran Lobo Solitario!”.

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~ por Sir Worth en 5 febrero, 2008.

8 comentarios to “7.- EL MOMENTO DE LA VERDAD”

  1. Ummm…podías haberte explayado más en la batalla y así tendríamos para unos cuantos capítulos más… de todas maneras enhorabuena por este gran relato. Espero con ansia una segunda parte 🙂

  2. Sí, reconozco que el cambio de ritmo en este capítulo es brutal frente al de los anteriores, pero ya dije que es una transfiguración de mis emociones, y cuando fue escrito así me sentía, invadido por un ritmo frenético.
     
    De todas formas, no habrá segunda parte (en principio, por lo menos). Sólo un último capítulo…

  3. Bueno, pues leeré con gusto el último capítulo que cuelgues, aunque lo lea un día más tarde 😦
     
    De todas maneras, dicen que las segundas partes nunca fueron buenas….
     
    Espero nuevos relatos 🙂

  4. Esperemos ser la excepción que confirma la regla enunciada por tal dicho.
     
    Nuevos relatos, los hay en mente; pero todavía falta plasmarlos, y llevo varios días sin producción. Esta noche, además del final del "Lobo", igual cae alguno más. Pero breve, no como esta saga. Por otro lado, llevo demasiado sin ponerme con mi novela, y en breve va a empezar lo más gordo de la historia.

  5. Felicitaciones amigo Sir. Al final, entre tantas llamadas, he conseguido leerme los siete capitulos de tu obra, y me ha encantado. Muy bueno, sigue así. 😉

  6. Muchas gracias, simpática moza malagueña; ahora, sólo has de esperar el último…

  7. Pues siempre hay excepciones…mira Terminator II, buena peli, jeje…
    Lo decía por consolarme ya que si por el momento no te planteas seguir con la saga, tendremos que conformarnos con esta primera parte (bueno, primera y última…). Pero que sepas que la historia en sí tiene mucho enganche.
     
    Ale!! pues a seguir inmerso en la novela, que también hay ganas de que termines para poder comprarlay leerla  y pedir un autógrafo al autor.

  8. Jaja, no tengo tantas pretensiones; simplemente, sentirme bien escribiendo. Y si con ello consigo entretener un poco a los demás, eso que hemos ganado…

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