1.- EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA

 

Tras los anteriores relatos publicados sobre este mismo protagonista, “Entre la bruma” y “Caminando a tientas”, me he decidido a escuchar las palabras del gran forero con nick de prestigioso actor que sigue los meandros del delta del Mississippi. Por tanto, los capítulos que a continuación iré colgando día a día se pueden considerar la prolongación de la historia de aquel guerrero. Como también comenté en su momento, alberga en su contenido cierto carácter metafórico que me ha servido para expresar sentimientos anclados en lo más hondo de mi ser, pero hay que saber leer entre líneas para separar la mera ficción de la proyección pseudobiográfica.

Toda esta parrafada va dedicada a todos aquellos que han contribuido, con su sincero y cálido apoyo, con todas las formas de comunicación posibles, a que este testarudo bilbaíno no haya acabado convirtiéndose por completo en un lobo solitario en los momentos delicados que le han tocado vivir recientemente. Por ello, y por todo, espero que sea de vuestro agrado. Y, sobre todo, gracias por estar ahí…

 

 

 

1.- EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA

 

Un año. Ha transcurrido un lento, largo y lastimero año desde que el cruel invasor lanzó su ofensiva inicial, dando comienzo a esta cruenta guerra. Nuestro pequeño y hermoso país ha caído finalmente bajo el yugo opresor. Pese a que sus soldados no son tan diestros como los nuestros en el manejo de las armas, y que sus tácticas militares no dejan de ser simples y burdas, han jugado su mejor baza con éxito: su aplastante superioridad numérica y su enorme reserva de medios materiales han inclinado progresivamente la balanza a su favor, imponiéndose a nuestras cada vez más menguadas filas.

Nuestro ejército ha sido aplastado, nuestros líderes arrojaron sus armas a los pies de los generales extranjeros en señal de derrota, una proporción enorme de la población masculina ha muerto en el conflicto, y muchos han sido apresados y condenados a trabajos forzosos, despojándoles de la poca dignidad remanente. El resto de los habitantes malvive pagando elevados tributos a sus nuevos amos, a costa de sufrir en sus propias carnes una escasez sin parangón en los anales de la historia de estas tierras, de extensión limitada pero dotadas de una riqueza natural fabulosa, motivo de la envidia causante de la invasión.

Nuestro consejo de ancianos, uno por cada valle de los diecinueve que forman nuestra montañosa patria, ha sido encarcelado y sustituido por un senescal, un mero títere del tiránico rey del país usurpador de nuestra libertad y soberanía. Ni un solo grano de trigo se mueve de los silos sin su consentimiento. En los pocos meses que lleva ostentando el poder ha dado manidas muestras de su despotismo, prefiriendo arrasar campos de cereales listos para ser recolectados antes que permitir que el populacho contase con alimento y nutrientes de sobra para sobrevivir; teme que si la gente goza de un exceso de salud se geste una rebelión que no está dispuesto a permitir.

Nuestro pueblo, desarmado, hambriento e inane, ha perdido toda esperanza de sacudirse de encima a estos parásitos. Unos pocos disidentes se echaron a los montes, buscando cobijo en los abruptos terrenos que nos vieron nacer libres, fuertes y felices. Inicialmente, las inclinadas pendientes y el desconocimiento del terreno por parte de los soldados invasores les permitieron notables éxitos, dando fugaces golpes a los convoyes que llevaban todas nuestras agrarias riquezas hacia el corazón del Imperio opresor. Pero con el paso de las semanas fueron cayendo gradualmente.

Sólo yo mantengo con éxito mis ataques; el motivo de no haber sido atrapado no es únicamente mi marcial superioridad, ni mi vigoroso organismo, ni mi amplia experiencia en el campo de batalla. Los grupos de las montañas mantenían un refugio fijo; por el contrario, yo no he permanecido dos noches en el mismo sitio. Cada día amanecía en una cueva distinta, o en otro pueblo en el que la complicidad de sus habitantes, agradecidos por mi labor, me ha obsequiado con una cama caliente y alimento cocinado. Siempre procurando que estas visitas a núcleos poblados distasen entre sí varios días, con el objeto de evitar represalias hacia sus vecinos.

Así, día tras día, he sucedido mis victoriosas cargas contra destacamentos aislados, pillándolos por sorpresa, hostigando al enemigo, diezmando cada patrulla puesta a mi alcance. Se ha llegado a poner un alto precio a mi cabeza, sabedores del terror y la mella que mis gestas provocan entre las huestes extranjeras; no se explican cómo un solo hombre puede traer en jaque a todo un ejército.

Por todas estas  hazañas, me he erigido como una amenaza para el invasor y un rescoldo de esperanza para mis hermanos. Mis antiguos compañeros de armas, por lo que he llegado a saber, pasaron a mejor vida durante los días del combate entre las densas brumas de los ataques iniciales. Por ello, nadie conoce mi nombre real; soy una especie de espectro que desaparece en la oscuridad de la noche, en los densos bosques, en los valles sombríos tantas veces recorridos en tiempos de paz y registrados en mi memoria con todo lujo de detalles. Debido a esto, a mi solitario deambular, a que mi larga cabellera y frondosa barba empiezan a mostrar el gris paso del tiempo y a la piel del animal que me sirve de capa y abrigo, tanto amigos como adversarios me han concedido un nombre, compuesto por dos palabras que provocan sonrisas en unos y rictus tensos en otro. Nadie queda indiferente al escuchar los dos vocablos con los que he sido bautizado: Lobo Solitario.

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~ por Sir Worth en 28 enero, 2008.

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