DIFÍCIL ELECCIÓN

DIFÍCIL ELECCIÓN

 

Ruido de llaves en la cerradura; Marcos llegaba a casa, algo tarde respecto a lo acostumbrado. Su cara mostraba los clásicos signos de una extenuante jornada, un rostro plagado de ojeras, arrugas y ojos enrojecidos de pasar demasiado tiempo sentado frente al ordenador.

 

Con desgana, dejó caer de mala manera la chaqueta sobre el respaldo de la silla más próxima, y se aflojó el nudo de la corbata estranguladora a la par que se descalzó los elegantes zapatos italianos en medio de rocambolescos equilibrios, dignos de un diestro saltimbanqui.

 

Para cuando entró en el dormitorio, ya sólo tenía como vestimenta en uso los calzoncillos. Todo lo lento y parsimonioso que se mostraba por las mañanas, a la hora de ponerse la ropa para estar siempre pulcro e impecable, lo tenía de raudo y veloz para zafarse de ella a la noche. Apenas se distinguía la camisa del pantalón, en medio del gurruño apretujado lanzado con anodina indiferencia sobre el baúl de mimbre, desgastada despensa que alimenta cíclicamente a la lavadora.

 

Ella estaba quieta sobre la cama, en la misma postura en que recordaba haberla dejado esa misma mañana. Sin más preámbulos, se acostó junto a ella en silencio, contemplándola a la luz de la mortecina lámpara de las mesillas, ideales para crear un ambiente íntimo. El minutero del reloj avanzó varias posiciones sin que cambio alguno se produjese en la escena, hasta que Marcos, impelido por una cierta culpabilidad, comenzó a hablarla, acariciando sus suaves curvas a la vez.

 

-Shirley, tenemos que hablar –dijo tras aclararse ligeramente la garganta-. Yolanda sabe que todavía estás aquí, y se ha puesto como una auténtica furia; supongo que Jaime o alguno de los otros le habrá dado el soplo. Ya sabes qué carácter tiene, según he descolgado el teléfono ha iniciado una sarta de gritos, ni siquiera un “buenas tardes” o “¿qué tal llevas el currelo?”. No, parecía la niña de Poltergeist poseída por el espíritu de la verdulera mutante del cementerio. “¡Sé que todavía mantienes en tu casa a esa cosa siliconada!” ha sido su entrada triunfal; imagínate, hace un par de semanas que me dijo que acabase contigo si quería mantenerla como novia; y ya sabes, en unos pocos días tiene planeado mudarse aquí, para vivir juntos como una pareja moderna de hoy en día.

 

>>He intentado argumentar, le he dicho que tenía que entenderlo, que tú y yo llevamos practicando sexo juntos desde hace muchísimo tiempo; anda que no ha llovido desde que celebramos la despedida de soltero de Toñín; ¿te acuerdas? Fue una fiesta espectacular, vaya noche, y tú fuiste la auténtica sensación de la velada. Algunos pusieron caras raras al vernos marchar juntos, pero no me arrepiento de ni uno solo de los polvos que hemos echado. Espérame un momento, que voy a la cocina a por un vaso de agua.

 

Marcos avanzó a oscuras sin titubeos; la distribución del piso y los muebles estaba memorizada en su cabeza, y la única luz que encendió fue la de la puerta del frigorífico.

 

-Ya estoy aquí –reanudó mientras posaba el vaso en la mesilla, junto a la lámpara-. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Pues eso, tras varios minutos, del orden de la media hora según recuerdo, diciendo que qué clase de novio era yo, que cómo le hacía una cosa así, y patatín patatán, ha comentado que me tengo que deshacer de ti. De hecho, mañana por la tarde vendrá, y si te encuentra, lo dejará conmigo.

 

>>Así que no me queda otra elección, Shirley, cariño. Tú lo entiendes, ¿verdad? Lo nuestro es, y ha sido, sólo sexo, y yo a Yolanda la amo. Es la mujer de mi vida, con quien quiero envejecer a mi lado, y aunque no será capaz de proporcionarme las mismas satisfacciones que tú, hay que reconocerle sus habilidades. Por tanto, hemos de tener bien claro que ésta será nuestra última noche juntos. Mañana por la mañana bajaremos a la calle, y al llegar a la esquina nuestros destinos tomarán rumbos divergentes. Para siempre.

 

>>Entonces, lo has entendido, ¿no? Sin rencores, ni nada por el estilo. Sabes que siempre te recordaré por todos los buenos ratos que me has hecho pasar; claro que sí. Y ahora, Shirley, si no te importa…

 

El timbre del teléfono móvil cortó bruscamente las palabras de Marco. Se lanzó hacia el cesto de la ropa sucia, origen del sonido, y tras rebuscar nerviosamente dio con el bolsillo adecuado del pantalón preciso.

 

-¿Sí, quién es? –preguntó taciturno.

-¿Cómo que quién soy? –respondió una voz gritona desde el otro lado de la línea.

-¡Ah, Yolanda, perdona! He cogido sin mirar la pantalla, me has pillado en la cama.

-¡Tiene gracia que lo digas tú! –El tono malhumorado no se rebajó ni un ápice-. ¡Pillado en la cama! ¡Seguro que te lo estabas montando con esa…esa…!

-No, cariño –el tono sumiso y servicial era en extremo importante, pensó Marco-. Ya te he dicho antes que hace tiempo que desapareció de esta casa…

-¡Sabes que no te creo! Por eso, cuando llegue a tu casa mañana podré comprobar por mí misma que has zanjado este asunto; de lo contrario…

-Tranquila, mi amor, puedes estar tranquila; te he dado mi palabra, y mañana no encontrarás nada fuera de sitio.

-Más te vale; como vea a esa muñeca hinchable en cualquier rincón, te juro que te la meto por el culo y la reviento dentro de ti. ¡Hasta mañana!

-Hasta mañana, cielo –contestó Marcos al pitido indicador de llamada finalizada.

 

Arrastrando sus pasos en su vuelta a la cama, dejó caer todo su cuerpo cansinamente sobre la cama…y sobre Shirley.

 

-Bueno, preciosa; mañana acabarás deshinchada, dentro de una bolsa del Eroski, en el contenedor de plásticos de la esquina… ¡Pero aún podemos disfrutar una noche más!

 

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~ por Sir Worth en 22 enero, 2008.

2 comentarios to “DIFÍCIL ELECCIÓN”

  1. ¡Que fuerte! Muy, pero que muy bueno (aplausos), no me esperaba ésto. Me ha encantado.

  2. Nos "salen granos" de que sea de su agrado…

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